Impotencia

¿Qué es la impotencia? La disfunción eréctil (DE) o impotencia es la incapacidad para lograr o mantener una erección lo suficiente como para conseguir una relación sexual satisfactoria. La DE es diferente de otros problemas que interfieren en el coito, como la falta de deseo sexual o los problemas de eyaculación y orgasmo. Aunque puede ocurrir a cualquier edad, se da sobre todo en varones mayores de 50/60 años.

Un problema más frecuente de lo que se dice.Hay diferentes grados de DE, que abarcan desde la incapacidad total para conseguir una erección a la capacidad para mantener erecciones muy breves. Esas variaciones complican las estadísticas, sobre todo porque muchos varones que sufren el problema (a menudo, con un gran coste psicológico) se resisten a consultar al médico, de forma que la DE permanece sin diagnosticar. Aún así, se calcula que en España hay unos dos millones de afectados (unos 30 millones en Europa). Estudios recientes realizados en Holanda indican que, en mayor o menor grado, la DE afecta al 20% de los hombres europeos de entre 50 y 54 años y al 50% de los hombres de entre 70 y 78 años.

Cómo se produce una erección. Los estímulos para la excitación sexual (visuales, táctiles, sonoros, olfativos…) se reciben en el cerebro y producen una señal que se transmite a través de la médula espinal hasta el pene, que recibe la orden de llenarse de sangre para provocar la erección. Si algo en el proceso falla (interrupción del estímulo causante del deseo sexual, problemas psicológicos que interfieren en las señales o problemas de llenado del pene) la erección no tiene lugar.

Problemas de llenado o daños neurológicos. Se calcula que el 80% de los casos de impotencia son consecuencia de problemas orgánicos. El problema puede ocurrir por:
Flujo sanguíneo deficitario al pene. La reducción del flujo sanguíneo puede deberse a aterosclerosis o endurecimiento de las arterias (¡a menudo es el primer síntoma de esa enfermedad!) y también a diabetes, hipertensión o tabaquismo crónico.
Daños musculares en el pene. Los hombres que padecen este problema no consiguen mantener la erección porque la sangre no queda “atrapada” en el pene.
Problemas neurológicos. Daños neurológicos impiden que los mensajes del cerebro o la espina dorsal lleguen al pene, entre ellos los asociados a la diabetes, la esclerosis múltiple o la enfermedad de Parkinson... Daños o intervenciones quirúrgicas en los genitales o la zona pélvica pueden también dañar los nervios pélvicos.
Cáncer de próstata. Los hombres que reciben radioterapia o son sometidos a prostatectomía radical por cáncer de próstata pueden no beneficiarse de los tratamientos.
Otros problemas. Alcoholismo, trastornos hormonales, enfermedad de Peyronie (que conlleva curvatura anormal en el pene durante la erección y cicatrices en el órgano sexual), consumo de ciertos fármacos (para la hipertensión, la depresión, la acidez, las alergias...) y de drogas ilegales están también asociados a DE.

Sentimientos perniciosos. Entre los sentimientos que pueden provocar DE se citan: la ansiedad y el nerviosismo ante la perspectiva de una relación sexual (a menudo por episodios anteriores de impotencia); los problemas con la pareja; la depresión; el estrés (por cualquier causa); el exceso de preocupación por el desempeño en la relación sexual; la idea de no resultar atractivo a la pareja; la falta de autoestima... La psicoterapia cognitiva ha demostrado gran utilidad en el tratamiento de la DE asociada a problemas psicológicos o emocionales.

Fármacos para la impotencia. Inyecciones, aparatos de vacío, prótesis peneales y cirugía son algunos de los tratamientos que se han venido utilizando en la disfunción eréctil, aunque hoy están cayendo en desuso ante la eficacia de los fármacos orales (inhibidores de la fosfodiesterasa como Viagra, Levitra o Cialis). Estos fármacos funcionan modulando los niveles de óxido nítrico, molécula implicada en la respuesta eréctil. Eficaces en un alto porcentaje de casos, se toman por vía oral, de media a una hora antes de la relación sexual. Todos ellos están totalmente desaconsejados en pacientes cardiacos en tratamiento con nitroglicerina.

Prótesis y cirugía. En los últimos años se han desarrollado técnicas quirúrgicas de microcirugía con indicaciones muy precisas (impotencia por obstrucciones en una o múltiples arterias del pene o fugas en el retorno venoso o, en general, cuando haya que crear una revascularización). A su vez, las prótesis intrapeneanas están reservadas para pacientes afectados de impotencia sexual severa debidas a traumas o causas físicas y en las que se han ensayado y agotado los tratamientos clínicos adecuados.

Enlaces de interés:

Sociedad Española de Urología y Andrología

Uroportal

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