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Los tesoros

¡La leche, en la lechería!

miércoles, 4 de febrero de 2015

¡La leche, en la lechería!

Ahora que tanto se habla de especialización, no estaría de más recordar que hubo un tiempo en el que, al menos en lo que a cuestiones de alimentación se refería, la venta de casi todos los productos estaba perfectamente “especializada”. Quiero decir con eso que, a diferencia de hoy día, en que la mayoría de las cosas están centralizadas en un gran superficie, salvo excepciones que ahora no vale la pena referir, todo el mundo tenía claro adónde debía dirigirse para comprar un producto. Es decir, para que nos entendamos: una barra de pan, a la panadería; un kilo de plátanos de Canarias, que eran los únicos que entonces degustábamos, a la frutería; un kilo de cinta de lomo, a la carnicería; una docena de huevos, a la huevería; mitad de cuarto de “mortadela sevillana”, que tanto les gustaba a las madres darnos para merendar, a la charcutería, y por último, para no ser demasiado reiterativo, un litro de leche, a la lechería. ¡Pues más claro, agua!

Y, desde luego, este alto grado de especialización merecía la pena. ¡Vaya si la merecía! En lo que a la lechería se refiere, por ejemplo, no había mayor placer gustativo y emocional que entrar en una de ellas para comprobar la excelencia de los productos lácteos que se vendían en ella. ¡Esa leche fresca, por Dios, que parecía recién ordeñada, o esa otra “pasteurizada” con su natita y todo que sabía a gloria bendita! ¡Esos yogures naturales en tarros de cristal que se derretían en la boca…! En fin, productos de leche, leche, que al fin y al cabo eran los únicos que sabían elaborar en aquella tiendas blanca y radiante que había en cada barrio y que no podía llamarse de otro modo: ¡lechería! Bueno, o “vaquería” en ciertos lares, que el origen y el objetivo eran los mismos. Lechería o vaquería, qué más da, a la que uno iba casi siempre con un recipiente de cristal o una lechera para reponer tan preciado tesoro, porque, afortunadamente, los envases de plástico o de “tetrabrik” aún no se habían inventado.

Y como la emocionante experiencia de la lechería, la de la panadería, la frutería, la carnicería, la charcutería… y tantas otras más que seguro que, en lo que queda de tarde, nos van llegando pausadamente a la memoria.

[José Molina]

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