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Operación salida (y III) ¡La llegada!

viernes, 18 de julio de 2014

Operación salida (y III) ¡La llegada!

… Afortunadamente, en apenas media hora, pudimos confirmar que, en efecto, aquella sombra azulada que divisábamos a lo lejos, era el mar Mediterráneo que bañaba la playa a la que, cada año, acudíamos a pasar unos reconfortantes días de descanso.

Lo de descanso era un eufemismo porque, como siempre sucedía, al final de las vacaciones descubríamos que el mayor descanso de aquel verano era volver plácidamente a casa, ponerse el pijama y tumbarse en el sofá para ver la tele.

Pero bueno, ya que estábamos allí, después de doce horas de intenso y “movidito” viaje, había que aprovechar esos días de asueto. Y lo primero, nada más llegar, era proceder con bendita paciencia a la “operación desmontaje”, o sea, ponernos manos a la obra a tratar de sacar del Renault 850 todo lo que habíamos traído y que resultaba increíble que hubiera encajado sin que el coche, en mitad del viaje, hubiese reventado. De hecho, hasta parecía más ligero de equipaje, lo que incluso nos hizo creer por un momento que, sin darnos cuenta, habíamos dejada abandonada a la abuela en alguna gasolinera. Pero, claro, teniendo en cuenta cómo el vehículo a duras penas podía con su alma, estaba claro que solo había sido un lapsus absurdo.

Y así, como quien no quiere la cosa, finalmente logramos desarmar al coche y aliviarle de tanto peso. El peso ahora nos tocaba a nosotros porque, como ya advertíamos cada año, no era apropiado alquilar un apartamento en un sexto sin ascensor, que era como escalar el Everest en pleno agosto cargados de maletas, accesorios playeros, bolsas, jaula de canario…; es decir, un reto que ni el propio Edmund Hillary hubiera sido capaz de superar.

Pero era lo que tocaba hacer. Al fin y al cabo, al final del esfuerzo nos esperaba el paraíso de un apartamento con vistas al mar, con terraza, acogedor y muy fresquito para dormir por las noches. Seguro que todos, los padres, los niños, la abuela y el canario, que después del viaje parecía que hubiera pasado por el taxidermista, estaríamos encantados con aquella confortable estancia. Y con esa optimista ilusión abrimos la puerta del apartamento…

[José Molina]

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