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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

Ni negro ni fosforito

martes, 10 de agosto de 2010

El otro día, revisando un montón de papeles, me encontré una foto de mi abuela Cala. La adoraba. Qué anciana tan linda, pensé: delgada, pequeña, vestida de oscuro y con el pelo blanco recogido en un pulido moño a lo Grace Kelly. Carita redonda, ojos claros, sonrisa de niña… Recuerdo su piel de melocotón sin rastro de maquillaje. Auténtica. Mi abuela tendría unos 60 años en esa foto…, ¿era realmente una anciana o iba disfrazada de anciana?

Con mis pantalones pitillo, por un momento, me sentí también disfrazada, pero de joven. Y eso que aún no me ha dado por retocarme los “morritos” para mejorar el disfraz. Pero debo confesar que me tiño el pelo, que cuido mi aspecto, que sigo la moda hasta un punto… Sí, todo hasta un punto.

Por suerte, los 60 de ahora no son los 60 de antes. No hay más que mirar alrededor. Si los últimos datos no se equivocan, las expectativas de vida de las españolas rozan los 81 años, de media, claro. Luego estamos, más o menos, en la flor de la vida. ¿ Sacamos la minifalda del baúl?

Dice el refrán que de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso, y el refranero no falla. Los años están ahí, testigos de cargo, pero, bien llevados, añaden elegancia, atractivo y un tipo de seducción que sólo da la experiencia.
Ahora precisamente, conocemos nuestras limitaciones y calidades mejor que nunca, sabemos lo que nos va, lo que nos sienta bien, los retoques que necesitamos… ¡Pero que el sentido común nos libre de caer en la tentación de un rejuvenecimiento artificial, frustrante!

Decididamente, no me gustaría ser una Barbie con artrosis.

Entre la austera belleza natural de Cala y el esperpéntico look juvenil de algunos señores y señoras, me inclino por una imagen realmente moderna, que no oculte los años sino que potencie su atractivo. Y echo en falta una filosofía de la estética vanguardista, diría yo, que no nos avergüence de haberlos vivido; una tendencia imaginativa que no tiña la madurez de fosforito sino que se inspire en la realidad, la belleza, la personalidad, el equilibrio o la fantasía de la edad dorada.

Un reto para nosotros y para todos los que se ocupan de ponernos guapos.

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