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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

¡Vaya tema de conversación!

lunes, 10 de mayo de 2010

Es curioso que generaciones diferentes hablemos de temas muy parecidos en etapas puntuales de nuestra vida. Se ve que hay situaciones que vivimos intensamente y que “de la abundancia del corazón, habla la boca”.

Por ejemplo, recuerdo la obsesión que padecíamos por la alimentación de nuestros hijos pequeños, que nos llevaba a comentar en cualquier ocasión lo que desayunaban los niños, lo que merendaban: sus cereales, su Fruco, su Nocilla, sus Petit suisse… Todo era “su”. Ahora las madres jóvenes hablan de nutrición, de alimentación sana. Con otros matices pero, finalmente, de lo que comen sus hijos.

Nosotras, como ellas, pasamos por hablar de las suegras, de política… También tuvimos nuestra época más o menos intelectual…¡Trascendental!

Pero hemos llegado a la madurez, y hombres y mujeres nos relacionamos, lógicamente, con nuevos temas de conversación. Destaco uno que, por diversas razones, me provoca un especial rechazo: el tema de las enfermedades.
Comprendo que a veces alivia quejarse de los propios males. Es más, participo de la enorme preocupación de ser posible víctima no sólo de enfermedades sino también de intervenciones y, con seguridad, protagonista de un deterioro natural como consecuencia del paso del tiempo.

Es triste tener amigos y familiares con problemas de salud. Muy duro ver que desaparecen. Y necesitamos saberlo, informarnos, comentarlo. Pero en su momento y medida. Con respeto hacia el enfermo y la audiencia.

Hay personas que se pueden pasar media tertulia contándonos la operación de cáncer de colon de una amiga, con la seguridad de un profesional y el atrevimiento de la ignorancia. Creo que, en el fondo, la narradora, casi siempre somos nosotras, echa fuera su pánico verbalizándolo. Lo que no se imagina es que nos lo transmite de tal manera que acabamos todos con síntomas, hundidos en la miseria. Un día, nuestro amigo Paco se cayó redondo en un restaurante, después de escuchar la minuciosa descripción de una intervención quirúrgica en la sobremesa. No exagero.

Hablar de enfermedades compulsivamente me resulta casi morboso. Además, qué cosas, cada vez que surge el tema, noto un ligero olor a naftalina.

Me apunto a la idea de intentar una actitud realista pero positiva frente a la adversidad. Sobre todo, porque me gustaría que nuestros hijos en su madurez repitieran un esquema conversacional “sano”.

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