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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Asuntos políticos: cuando la sonrisa ofende

jueves, 2 de septiembre de 2010

Son sonrisas esculpidas sobre rostros confusos. No es para menos.

Saben de sobra que el futuro de muchas personas con enfermedades crónicas, con alguna discapacidad, de los mayores con claras necesidades de ayuda, de las personas privadas de su trabajo, amenaza ruina. Aún así, es sobre ese futuro de los más frágiles que parecen cebarse los dirigentes y responsables, quizás irresponsables, de las políticas del bienestar tanto en el ámbito autonómico como en el ámbito estatal. No es tarea fácil, ciertamente, y seria una frivolidad presentarla como tal, pero la investigación, la planificación y la gestión también existen.

Se agotaron los motivos para felicitarse. Y pasó el tiempo de los reproches, todos los partidos han asumido responsabilidades de gobierno. Por ello, sus risas y sus sonrisas, vengan de donde vengan, se apoyen en la causa que se apoyen, ofenden. Las explicaciones, ofenden más. No son tiempos para hacerse el simpático, ni el gracioso. Mucho menos para la demagogia. La ciudadanía clama por dirigentes capaces de deslastrarse del Ego. No todo vale para permanecer. El cuándo irse es un arte. Necesitamos políticos a los que les importe en lo que derivan sus decisiones, vinculados a las realidades personales de los ciudadanos que habitan en el país que gobiernan, de obrar y actuar benéficamente, de sentir el peso la responsabilidad de sus acciones previendo la resonancia de sus desaciertos y, como no, de sus aciertos, cuando los haya.

El lugar indicado para sacar los conejos de la chistera es el circo, las ferias ambulantes, pero no los Parlamentos. En ellos se parlamenta. Y parlamentar es, viene definido en la RAE: “Entablar conversaciones con la parte contraria para intentar ajustar la paz, una rendición, un contrato o para zanjar cualquier diferencia”.

Son días para actuar sobre el padecimiento de las personas, cada vez más, que necesitan ayuda y de las que llevan meses esperándola, también cada vez más. Es obvia la necesidad de liberar a los servicios de los manierismos burocráticos. Mientras se encuentren personas en las listas de espera de los servicios sanitarios, de los servicios sociales, mientras se acumulen los expedientes en los juzgados, por poner algunos ejemplos, no hay motivos para felicitarse. Para quienes ostentan responsabilidades de gobierno proliferan los motivos para el remordimiento, ese elemento que anida en el interior de cada uno y le mordisquea el alma recordándole que sus obras son dudosas, que está manipulando a las personas, o practicando la demagogia. El remordimiento le señala que ha caído en la dejación de sus responsabilidades, las suyas propias.

Quienes trabajamos para que el Estado del Bienestar sea fuente de salud, poco importa quien gobierne. El hambre es el hambre. La dependencia es la dependencia. Los profesionales trabajamos con personas. Hoy, sin embargo, asistimos impotentes a la entrada en barrena de los logros alcanzados. Vemos el riesgo de hundimiento de la estructura social creada bajo principios como el de la subsidiariedad, atendiendo la unicidad de la persona, o el de la equidad ayudando a cada cual en lo que el diagnóstico social, no la apariencia, pone de manifiesto que necesita. La ciudadanía pierde elementos de bienestar. En lo físico, las asistencias médicas no dejan de crecer. En lo psíquico, las consultas de salud mental también se incrementan exponencialmente. Y en lo social, es evidente que las dos primeras suponen el principal abono para el malestar individual puesto que se deterioran las relaciones familiares, se pierde el trabajo, se abandonan los estudios, aumenta la agresividad, se rompe con la vida propia y la autoestima se derrumba.

En ningún caso me refiero a quienes hacen dejación de su ética y aprovechándose del Estado del Bienestar, en vez de contribuir a mejorarlo y a optimizarlo para garantizar su sostenibilidad futura, se dedican a desangrarlo, ya sea adulterando sus problemas, ya sea con una mala gestión.

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