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TESTIMONIOS REALES

Mantener a nuestros padres mayores en casa

Mantener a nuestros padres mayores en casa

Cuando la dependencia se agrava, llega el dramático momento de plantearse si es posible y deseable seguir cuidándolos en casa. Cualquiera que sea la decisión, nunca fácil, las consecuencias son dolorosas. Hay que tomarse tiempo para reflexionar.

TESTIMONIOS:

«Siempre se dice que las personas mayores quieren envejecer en su casa y que, con ayuda, pueden hacerlo perfectamente. Mi madre, aquejada de demencia senil y sin recursos económicos, no me tiene más que a mí. Pero ¿cuánto podré aguantar?»Esther G.

«Estoy soltera, y mi madre ha vivido siempre conmigo. Hace unos años, estuve ingresada en el hospital y, como mi madre se negó a ir a una residencia de estancias temporales, encontramos la forma de arreglarlo: buscamos una señora que la ayudara con las tareas domésticas unas horas al día, y mi hermano y su hijo se turnaban para que no se quedara sola por las noches. Al cabo de un tiempo, de nuevo he tenido que someterme a una operación y, como la salud de mi madre ha empeorado bastante, tomé la decisión de enviarla a una residencia, aunque esta vez también se opuso. Era la mejor solución, pero para ella fue todo un drama (y para mí, verla en ese estado, también). Por ahora, estoy sola en casa mientras me recupero, pero no dejo de atormentarme: ¿debería volver mi madre a casa?, ¿seré capaz de cuidarla? Por otra parte, estoy segura de que ella no entendería que la dejara en la residencia, se sentiría abandonada por su hija. Y confieso que, si lo hiciera, yo misma no soportaría los remordimientos.»Luisa L.

«Cuando mis padres empezaron a perder autonomía, tomamos la decisión de contratar a una señora que los ayudara, para que así pudieran seguir en su casa. Como yo vivía lejos, y ellos no se ponían de acuerdo sobre la necesidad de ingresar en una residencia, además de la asistenta, contratamos a una auxiliar de enfermería para que fuera a atenderlos un par de veces a la semana. Pasado un tiempo, hizo falta alguien que se quedara por las noches con ellos... Al final, todo ese dispositivo, además de caro, resultó insuficiente para asegurar el bienestar de mis padres y comencé a dudar de si permanecer en su casa era lo más conveniente para ellos. Es verdad que las residencias no son la mejor de las soluciones, pero hay ocasiones en que no queda otro remedio. Yo tuve la suerte de encontrar, cerca de mi casa, una residencia acogedora, de ambiente familiar y buen trato. En ella murió mi madre y allí sigue mi padre. Vive cómodamente, atendido por personal dedicado y competente.»Juan B.

NUESTRA OPINIÓN:
¿Envejecer en casa rodeado de los suyos? ¡Un sueño! Sin embargo, hay muchos casos en los que las viviendas no están bien adaptadas, otros en los que los ayuntamientos no proveen los necesarios servicios sociales a domicilio, bastantes en los que la soledad se hace angustiosa... Entre la permanencia en el hogar, y la residencia, donde se aíslan de la familia, hay soluciones intermedias, como las residencias de estancias temporales. Nadie debe sentirse culpable: ni los ancianos, que temen convertirse en una carga, ni las familias, con otras obligaciones, ni los servicios sociales, que no pueden solucionar todos los problemas. Adaptarse y readaptarse exige voluntad y energías, como todo en la vida.

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