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El testamento Ante la propia muerte

El testamento

El testamento es el acto por el cual una persona dispone de sus bienes para después de su muerte. Se determina en él, por lo tanto, el destino final de sus bienes y patrimonio. Dentro de ello, sus posibilidades son numerosas.

Además de preparar el destino de nuestro patrimonio, el testamento nos ofrece otras posibilidades, como organizar la tutela para hijos menores o deficientes, señalar administradores de los bienes en algunas situaciones; nombrar ejecutores de la voluntad del testador o personas encargadas de repartir los bienes entre los herederos, entre otras.

Existen varios tipos de testamento según su forma:
• Testamento ordinario o pagánico.
o Testamento ológrafo: es el escrito por entero, fechado y firmado de la mano del testador. Suelen exigirse ciertas formalidades como la ausencia de tachaduras a lo largo de todo el texto, para salvaguardar su integridad.
o Testamento abierto o público: es el que elabora el notario tras haber entrado en conocimiento de la voluntad del testante.
o Testamento cerrado o secreto: es el que se escribe por el testador u otra persona de su confianza y se presenta cerrado al notario y cierto número de testigos.

• Testamento especial o privilegiado
o Testamento con ocasión de calamidad pública.
o Testamento marítimo o aeronáutico.
o Testamento militar o asimilado: es el que hacen las personas que gozan del fuero militar, manifestando su última voluntad, sin sujeción a las formalidades del testamento ordinario.

Otros tipos
• Testamento común o mancomunado: es el que hacen juntamente dos personas disponiendo en un mismo acto de sus fincas a favor de un tercero.
• Testamento mutuo o captatorio: es el que hacen recíprocamente dos persona a favor de la que sobreviva.
• Testamento inoficioso: es el que contiene una desheredación o preterición injusta.

Sin testamento
Cuando una persona fallece sin testamento, la Ley determina quiénes van a ser sus herederos (llamados entonces "ab intestato") y cuál va a ser, por tanto, el destino de su patrimonio.

Un primer inconveniente respecto al testamento notarial, es la necesidad de realizar, al fallecimiento del causante, la "declaración de herederos ab intestato" para determinar quiénes son estas personas a las que la Ley "llama" a convertirse en herederos, por no haberlo hecho el causante fallecido.

Si éstos son el cónyuge, los ascendientes o los descendientes, esta determinación, desde hace pocos años, puede hacerse por acta notarial aportando diversa documentación y el testimonio de testigos, lo que simplifica y abarata extraordinariamente esta tramitación. Pero en otro caso, para conseguir la declaración hay que acudir a un procedimiento judicial. En cualquier caso, estos trámites, necesarios por la ausencia de testamento, encarecen y complican considerablemente el proceso de la sucesión.

Leer más:
Partición de la herencia
La legítima en el testamento
Subsidios por defunción
Testamento vital

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