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Florencia: sublimación del arte y la historia

Florencia es la primera ciudad de arte del mundo, ideal para visitar solo o en pareja
La historia y la política de Florencia durante la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna están marcadas por las luchas entre las distintas familias que se repartían el poder de la ciudad y sus territorios
El Duomo es el cuarto templo más grande de la cristiandad
La Piazza della Signoria es el símbolo del poder civil y está considerada la más bella plaza de Europa. Acoge fuentes y esculturas, verdaderas joyas de la Historia del Arte
El edificio más emblemático de esa plaza es el Palazzo Vecchio, construcción del s. XIII, según un proyecto de Arnolfo di Cambio

POR QUÉ NOS GUSTA...
Florencia es una ciudad llena de luz, con un monumento en cada esquina, con una estatua en cada rincón. Pero además del exclusivo ambiente artístico, podemos disfrutar de un paseo en una ciudad bulliciosa y alegre.

Florencia: sublimación del arte y la historia

Primero fue «florentia», la ciudad romana consagrada a la diosa flora. después, entre los siglos xiii y xvi, se convirtió en la primera atenas de la edad moderna, cuna de la recuperación moral, política y artística de la antigüedad, motor del humanismo y el renacimiento, anticipándose a la idea de una europa unificada por el arte y la cultura. hoy, milagrosamente intacta en sus tesoros y en su antiguo tejido urbano, florencia es la primera ciudad de arte del mundo.

Su visita pausada es un espectáculo único y casi obligatorio para todo el que quiera conocer las raíces de la civilización occidental, pero es algo más. Es una ciudad recomendable para conocerla de la mano de la pareja y, también, para los que viajan solos, necesitados de la reflexión íntima y personal. Una urbe que aúna aspectos cosmopolitas y rancios, misteriosos y abiertos, recomendable en cualquier época del año –cada estación es particular y dibuja una ciudad distinta–. La arquitectura, el urbanismo, las artes, la música y el paisaje se subliman en Florencia de tal forma que convierten lo monumental en elegante, las viejas taraceas de mármoles polícromos en formas serenas y extravagantes, la comida tradicional y los vinos de la tierra en sabores exquisitos y creativos. Florencia ha sabido hacer del buen gusto Arte, con mayúscula.

El centro monumental
La Piazza del Duomo y la Piazza di San Giovanni constituyen el principal centro religioso de Florencia. Su monumento fundamental es el Duomo, el cuarto templo más grande de la cristiandad. Su construcción comienza en el s. XIII, cuando la ciudad, en ese momento una de las más prósperas de Europa, decide sustituir la modesta catedral románica de Santa Reparata por un nuevo templo que «maravillara al mundo». El encargo recayó en el arquitecto Arnolfo di Cambio. Durante más de cien años, su construcción fue el mayor esfuerzo económico de la ciudad. Una vez finalizadas las obras de muros y naves, el problema se concentró en la solución de la cubierta del crucero, para lo que se pensó en la construcción de una de las mayores cúpulas de la historia de la arquitectura, que no se finalizará hasta 1436, y cuyo autor será Filippo Bruneleschi, que recuperó aquí los modelos de la antigua Roma. La plaza se completa con el Battisterio di San Giovanni, obra medieval del s. XI, cuyas puertas se encuentran entre las piezas más interesantes del primer Renacimiento. En el interior, se pueden contemplar magníficas pinturas y mosaicos de Cimabue y Giotto. El Campanile, exento y de planta cuadrada, se yergue orgulloso con sus taraceas de mármol, y sus formas se atribuyen al genio de Giotto.

Si la Piazza del Duomo es el símbolo del poder religioso, la Piazza della Signoria lo es del poder civil. Considerada la más bella plaza de Europa, sus obras se inician en el s. XIII. En la actualidad, acoge un impresionante mobiliario urbano, compuesto por fuentes y esculturas, verdaderas joyas de la Historia del Arte, algunas expuestas en Loggia dei Lanzi, como el grupo de Menelao, copia romana de un original griego del siglo IV a. C., el Perseo, obra maestra de Cellini, el Rapto de las sabinas y Hércules y el centauro Nesso, de Giambologna.

El edificio más emblemático de la plaza es el Palazzo Vecchio, construcción del s. XIII, según un proyecto de Arnolfo di Cambio. El edificio, convertido ya en un símbolo del poder político, judicial y administrativo florentino, funcionó también como sede de la corte de los Médicis (1540-1565), recibiendo el nombre de palacio «Vecchio» (viejo) cuando la residencia de los grandes duques se trasladó a Palazzo Pitti. Durante el breve paréntesis en que Florencia asumió la capitalidad de Italia (1865-1871), el palacio albergó el Parlamento italiano. En la actualidad, aloja algunas dependencias del Ayuntamiento, y cuenta con grandes salas-museo. Continuando hacia la orilla del Arno, la Galleria degli Uffizi es uno de los mayores atractivos de Florencia y una de las pinacotecas más ricas y prestigiosas del mundo, fundamentalmente conocida por las pinturas de Sandro Botticelli.

La huella de los Médicis
Con un carácter extramuros hasta la Baja Edad Media, la que fuera catedral de Florencia hasta el s. VIII, San Lorenzo, sirvió a partir del s. XIII de motor de un nuevo «borgo» de mercaderes. Cuando Cosme el Viejo, primero, y después Lorenzo el Magnífico, optan por convertirla en el templo familiar de los Médicis y construyen su palacio en la antigua Via Larga, hoy Via Cavour, el barrio se transforma definitivamente, adquiriendo una personalidad patricia y, al mismo tiempo, conservando su carácter popular, sobre todo en los alrededores del Mercado Central y en la propia Piazza di San Lorenzo.

Desde entonces, todo en este barrio recuerda a la familia Médicis, que supo convertir a Florencia en una de las más potentes naciones de Europa, y a los artistas que trabajaron para ellos en los más solicitados del momento. En San Lorenzo, sistematizada por Brunelleschi en el s. XV, destacan las aportaciones de Miguel Ángel, como la Biblioteca Laurenciana, inicio de la estética arquitectónica manierista, y las Capillas Mediceas, con los famosísimos monumentos funerarios de Juliano y Lorenzo de Médicis. Muy cerca, el edificio más representativo de los Médicis es el Palazzo Medici-Riccardi, realizado por Michelozzo. En la primera planta está la Capilla de los Reyes Magos. Su decoración pictórica es de Benozzo Gozzoli, que en sus muros representó El viaje de los Reyes Magos (1459).

El barrio de los pintores
De la Annunziata a San Marco, y hasta los límites de las murallas, se extiende el que fuera el barrio preferido por monjes, artistas y científicos humanistas, desde que los Médicis lo mimaran con la fundación de diversas instituciones. San Marco, cuya memoria e historia están vinculadas a algunos monjes artistas, como Fra Angelico y Fra Bartolomeo y, también, al político Savonarola, acoge una de las mayores colecciones de pinturas al fresco del primer Renacimiento, realizadas por Fra Angelico en las celdas y en las habitaciones comunes.

Más abajo, la Piazza SS. Annunziata es el ejemplo más temprano de una plaza ideal diseñada en Florencia. Su unidad se ve subrayada por la estatua ecuestre de Ferdinando I de Médicis, fundida por Giambologna, y por las dos fuentes de Ferdinando Tacca. Arquitectónicamente, está dominada por la logia del Ospedale degli Innocenti, que se extiende por una escalera a lo largo de todo el edificio. Realizada por Brunelleschi, sus formas fueron reproducidas más tarde en la iglesia de SS. Annunziata.
En este barrio de artistas, estudiantes y bohemios, son numerosos los museos y galerías de arte. La principal es la Galleria dell’Academia. Fundada en 1563, acoge parte de las esculturas más conocidas de Miguel Ángel. El centro del museo es su David, esculpido en un solo bloque de mármol y que le dio la fama de ser el más genial escultor de Florencia con menos de treinta años de edad. Otros museos son el Opificio delle Pietre Dure, donde se realizan importantes obras de restauración, el Museo Archeologico, y el Museo d’Historia Naturale, junto al Giardino dei Semplici.

Las grandes órdenes medievales
Santa Maria Novella, impresionante en sus formas exteriores, esconde en su interior y en su historia parte del devenir político y religioso de Florencia, en el que los dominicos jugaron un importantísimo papel. Los objetos artísticos que conserva son innumerables, y algunos son claves para la Historia del Arte, como el fresco de La Trinidad, de Masaccio, punto de partida de los nuevos presupuestos renacentistas y de la perspectiva en la pintura moderna. Ghirlandaio, Uccello, Donatello y otros muchos artistas del Renacimiento completan el catálogo de esta construcción que contrasta con otra obra maestra de la arquitectura reciente, la estación de ferrocarril. Los claustros son un remanso de paz, en los que se puede descansar antes de internarnos en este sector bullicioso y costumbrista. En el sector occidental de la ciudad, los franciscanos, compitiendo con el poder de los dominicos, erigieron su gran basílica, Santa Croce. En la Piazza Santa Croce, a partir del s. XIV, tuvieron lugar suntuosas fiestas y torneos y, desde el Barroco, es el escenario de un famoso partido de fútbol, el calcio in costume.

La Florencia de los mercaderes
Entre San Gaetano y la Piazza della Repubblica se extiende un barrio de comerciantes y banqueros, de palacios patricios, medievales, renacentistas y barrocos, que en la plaza se hacen eclécticos y modernos. Esta vida costumbrista, a veces popular y otras veces elegante, se aprecia mejor que en ningún otro sitio en los alrededores del Mercato Nuovo. Una mención especial merece la Via Tornabuoni, la calle más elegante de la ciudad, que acoge en los bajos de sus magníficos palacios algunas de las tiendas más lujosas de Florencia.

La orilla izquierda del Arno
El arrabal más importante de la Florencia medieval es Oltrarno, («al otro lado del Arno»). Su carácter artesanal se transformó en 1549, cuando Cosme I decidiera trasladar su corte al Palazzo Pitti, en pleno corazón de Oltrarno. El acceso se realiza por el Ponte Vecchio, el único medieval que ha sobrevivido a las destrucciones bélicas, y símbolo por antonomasia de la ciudad. Desde el Medioevo, el puente albergaba tiendas de pescadores y carniceros y, desde el s. XVI, de joyeros y plateros. En este barrio se puede visitar la Capella Brancacci, en la iglesia del Carmine. Sus frescos fueron realizados en el s. XV por Masaccio, Masolino y Filippo Lippi. Las elegantes arquitecturas del Santo Spirito, obra magna de Brunelleschi, nos servirán para preparar los sentidos y el alma para el espectáculo fastuoso del Palazzo Pitti y los jardines Boboli. La residencia diseñada por Brunelleschi en el s. XV, de severo estilo manierista, acoge en la actualidad varios museos, el principal, la Galleria Palatina, de cerámica y objetos artísticos, y los jardines están salpicados de espléndidas fuentes y esculturas. En lo alto de la colina, la basílica de San Miniato al Monte, una de las joyas del primer Románico florentino, desde cuya escalinata se disfruta la vista más espectacular de la ciudad.

Las luchas de las familias y la historia de Florencia
La historia y la política de Florencia durante la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna están marcadas por las luchas entre las distintas familias que se repartían el poder de la ciudad y sus territorios.

En los inicios del siglo XII, serán las facciones güelfas y gibelinas –los primeros apoyaban en origen a la casa de Baviera y, por extensión, al poder pontificio de Roma; los segundos a la dinastía imperial de los Hohenstaufen– las que se enfrenten en Florencia por dominar el poder político. Hubo intentos de reconciliación entre estos dos grupos, como el matrimonio concertado en 1216 entre una Donati y un Buondelmonte, representantes respectivamente de güelfos y gibelinos que, sin embargo, y por el plantón del novio, provocó un nuevo baño de sangre en la ciudad.

En los siglos XIV y XV una nueva élite política, compuesta por banqueros de raíces plebeyas, se hizo con las riendas del poder en Florencia. Eran los Strozzi, los Pitti, los Pazzi y los Médicis, que generaron de nuevo cruentos enfrentamientos por el dominio absoluto de la ciudad más próspera de Europa en ese momento. Serán numerosos los episodios de violencia y asesinato. Los más conocidos fueron protagonizados por los Pazzi y los Médicis, hasta la definitiva victoria de estos últimos ya en el siglo XVI. El más famoso es conocido como «Conjura de los Pazzi». El papa Sixto IV, que envidiaba el poder de los Médicis, concedió el monopolio de la explotación del alambre a sus enemigos seculares, los Pazzi. En venganza, Lorenzo de Médicis expolió los bienes de los Pazzi en Florencia, que a su vez organizaron un atentado contra Juliano y Lorenzo de Médicis. El 26 de abril de 1476, a la salida de misa en la catedral, Juliano fue asesinado pero, milagrosamente, Lorenzo solo fue herido. Y su venganza fue feroz. Los conjurados fueron ajusticiados en el Palazzo Vecchio, y sus cuerpos se expusieron al escarnio público.


Texto: Juan María Montijano. Doctor en Historia del Arte.

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