Plusesmas.com

Estudiar en un seminario

miércoles, 3 de mayo de 2017

Estudiar en un seminario

Especialmente en zonas rurales, lo de seguir estudiando después de los 14 años resultaba harto complicado. Ya lo era también en las ciudades, pero siempre había más alternativas, tanto en colegios públicos como privados, sobre todo en los de ámbito religioso. La dificultad estaba fundamentalmente en aquellos pueblos que apenas contaban con escuelas elementales, en las que no solo se mezclaban alumnos de casi todos los niveles, sino que tampoco ofrecían opciones más allá de la enseñanza obligatoria. Únicamente en municipios más grandes se podía, al menos, estudiar bachillerato.

En consecuencia, para los chicos que tenían interés por seguir formándose para que, el día de mañana, el campo no fuera su única forma de vida, teniendo en cuenta lo duro y difícil que era, o para los padres que aspiraban a que sus hijos «fueran alguien» en el futuro, la mejor alternativa era ingresar en un seminario. En él podrían al menos completar sus estudios, aunque para ello tuvieran que abandonar sus casas y estar internos durante el periodo escolar.

Llamados a veces por la vocación religiosa, y en muchas otras por la educativa o la simple necesidad, muchos fueron los jóvenes que, en aquellos tiempos, tomaron esta decisión. De hecho, de 1945 a 1955, se duplicó en España el número de seminarios, y el de seminaristas nada menos que se triplicó. Aunque a partir de esa fecha empezó a decrecer, en 1958, por ejemplo, aún había casi 25.000 jóvenes estudiando en seminarios, lo que no auguraba siempre que todos ellos acabaran ordenándose sacerdotes.

Lo de las chicas ya da para otra película, que no parecían demasiado destinadas a eso de estudiar, al menos justo después de haber cumplido con su obligación establecida por ley. Casi siempre había alguna excusa para decir aquello de: «Ya es hora de que la niña eche una mano en casa». Excusa, por cierto, que durante tantos años se siguió utilizando.

Categorías

Comentarios (0)

* *

*