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Entre niñas anda el juego

Entre niñas anda el juego

Debo pedir disculpas de antemano por no estar lo suficientemente informado de los juegos callejeros en los que andaban enfrascadas las niñas de los 50 o 60, lo que significa que necesariamente deben ser las amables lectoras las que, por favor, pongan a rebobinar su propia memoria USB. Pero, entiéndaseme, alguien concentrado a pleno rendimiento con sus amigos jugando a las chapas, al tacón, la lima, la peonza o a «churro, mediamanga, manga entera (o mangotera, según versiones)», y sin visos de que en los alrededores hubiera niñas entregadas a la misma causa, difícilmente obtiene información privilegiada sobre estos asuntos.

Por tal circunstancia, he debido acudir a fuentes de información externas que me asesoren en la materia. Entre ellas, de todo punto fiable, está, por ejemplo, la de una amiga nacida en Madrid en 1947, cuyo nombre debo mantener en el anonimato, que me confirma lo siguiente: «Nuestros juegos principales eran el escondite, la comba, los bonis, las tabas, el corro, el escondite inglés, etc. No teníamos tantos medios para divertirnos como ahora, pero con los que teníamos éramos felices».

No sé si con esta escueta información habrá quedado zanjado el asunto, pero me tomo la libertad, por otras fuentes consultadas que ahora no vienen al caso, de añadir juegos como la rayuela, el diabolo, el «hula hop», la goma elástica, el pañuelo, la «gallinita ciega» o el «yo-yo»…, a los que seguramente cada cual añadirá otros tantos o versiones locales de los anteriormente citados.

Eso sí, vuelvo a tomarme la libertad esta vez de reproducir las letras de algunas de las canciones que componían la banda sonora de muchos de aquellos juegos (la melodía y entonación ya son cuestiones particulares), y que seguramente muchas recordaran. Por ejemplo, el popular «juego del chirimbolo», cuyo estribillo decía:

«El juego chirimbolo

que bonito es
un pie, otro pie
una mano, otra mano
un codo, otro codo
el juego chirimbolo…»

 

Muy populares también se hicieron otras canciones cuyos estribillos procedo también a reproducir. Por ejemplo:

«Que llueva que llueva
la Virgen de la Cueva,
los pajarillos cantan
las nubes se levantan.
Que sí, que no,
que caiga un chaparrón
en medio la estación
que rompan los cristales
y los míos no».

 

Esta otra:

«Al pasar la barca
me dijo el barquero
las niñas bonitas
no pagan dinero.
Yo no soy bonita
ni lo quiero ser
tenga mi dinero
y me lleve usted».

 

O también esta:

«Teresa la marquesa
Tipití, tipitesa
Tenia una corona
Tipití , tipitona
con cuatro monaguillos
Tipití, tipitillos
y un cura sacristán
tipitín, tipitá».

 

Y finalmente:

«Al jardín de la alegría,
quiere mi madre que vaya
para ver si me sale un novio,
el más bonito de España».

 

Emotivo y didáctico estribillo el de esta ultima canción, con el que creo puede ponerse punto y final al tema «juegos callejeros de niñas», aunque no sé si hubiera sido mejor concluir con otras más apropiadas como «Mambrú se fue a la guerra», «Quisiera ser tal alta», «Yo soy la viudita del conde Laurel» o «Tengo una muñeca vestida de azul». En fin, dejémoslo estar, que ya habrá ocasión para rememorar más juegos canciones y infantiles.

 

Texto: José Molina

Foto: Principios de los años 60. Niñas jugando a la comba, durante el recreo, en la Plaza de las Malvas (Villena, Comunidad Valenciana). Fotógrafo: Miguel Flor Amat (Crónica Gráfica de Villena, 2012)

 

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