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La casa

lunes, 24 de abril de 2017

Cuando nací, en mi casa lo único que funcionaba con electricidad eran las bombillas. Siete años después, compramos un aparato de radio, y hasta bien entrados los 60 no adquirimos los primeros electrodomésticos. El televisor y el frigorífico entraron a la vez, cuando tenía quince años, y la lavadora un poco después.

Como en el pueblo no había agua corriente, la lavadora no disponía de toma de agua ni de desagüe; teníamos que evacuar el agua sucia con una gomita y echar el agua limpia con cubos. No aclaraba, sólo lavaba, y tardaba dos horas en hacer la colada. Aun así, nos ahorraba mucho tiempo y trabajo, ya que hasta entonces, para lavar, teníamos que ir al río.

La primera cocina de butano entró en casa casi en los 70. Hasta entonces, la cocina de leña servía de cocina, de horno, de calefacción, para calentar unas pesadas planchas de hierro con las que planchábamos la ropa y hasta para caldear la cama por intermediación de un ladrillo que previamente habíamos introducido en su interior.

En lo referente a la higiene, descontando el jabón, las cosas no habían cambiado mucho desde la Edad Media. Como retrete usábamos el corral, y como lavabo, un palanganero con aguamanil. Los más afortunados tenían bañera, pero para llenarla había que traer el agua de la fuente y calentarla en la cocina. En contadas ocasiones la recompensa merecía el esfuerzo; la mayor parte del tiempo, la bañera ejercía como continente de la ropa sucia.

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Comentarios (1)

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pilar
24 abril 2017 22:25

ESOS COMENTARIOS, SE PARECEN MUCHO A LA DE LAS PERSONAS QUE PASAMOS , EL DESPUES DE LA GUERRA. Me identifique con muchas cosas. Por eso se aprende a valorar lo que se tiene-.Muchas personas muchas, pasamos por ahí.

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