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Mariano Haro, madera de campeón

jueves, 9 de febrero de 2017

Mariano Haro, madera de campeón

Hubo un tiempo en que, por desgracia, no podíamos presumir mucho de grandes gestas deportivas, como ahora. Salvo en hockey sobre patines, como siempre, y de tarde en tarde en fútbol, nuestra cosecha de triunfos era francamente paupérrima, aunque, de vez en cuando, surgía algún deportista suelto que nos daba alguna alegría, a veces incluso en disciplinas de las que hasta entonces no habíamos oído hablar nunca.

Y en esas un día, casi de la noche a la mañana, nos empezamos a enterar de que había un atleta palentino, natural de Becerril de Campos, llamado Mariano Haro que corría que se las pelaba en casi dos los terrenos y todas las categorías, o sea, cross, fondo y mediofondo. Hasta ese momento el atletismo tampoco era lo nuestro, así que con qué alegría celebramos sus triunfos, que no fueron pocos.

Desde que empezó a correr el bueno de Mariano Haro, un albañil acostumbrado a recorrer todos los días los más de 15 km que había entre el pueblo en el que vivía y la ciudad en la que trabajaba, fueran cuales fueran las inclemencias meteorológicas, ya se vio que tenía madera de campeón.

En 1961, por ejemplo, con apenas 21 años, ganó el campeonato del mundo de cross júnior, título al que enseguida seguirían las medallas de bronce en 5.000 m en los Juegos Iberoamericanos y en el Cross de las Naciones, y de nuevo el oro en la Copa de Europa de Naciones. O sea, que el palmarés de Mariano Haro desde comienzos de los 60 fue de los que hacen época, así que poco tardó en convertirse en un héroe nacional, al que todos admirábamos y seguíamos con verdadero entusiasmo, y al que no hubo más remedio que apodar “el león de Becerril”.

¡Pero qué resistencia, qué fortaleza, qué espíritu deportivo…!, eran algunas de las expresiones que se utilizaban entonces para calificar a este extraordinario atleta palentino que tantas “glorias deportivas” nos hizo vivir y que estaba considerado el mejor fondista europeo de la época. De hecho, hasta 1976, año en el que “colgó las botas” profesionalmente, en los Juegos Olímpicos de Montreal, su participación en cualquier carrera siempre era sobresaliente, aunque será difícil olvidar su cuarto puesto en 10.000 m en los Juegos Olímpicos de Múnich y sus cuatro subcampeonatos mundiales de campo a través.

Por eso, nunca conseguimos saber del todo cómo era posible que un deportista menudo como él, de apenas 1,65 m de altura y 58 kg de peso, era capaz de correr con esa fortaleza, aunque tampoco importa demasiado. Lo único realmente importante es que muchos tuvimos la suerte de ver correr a Mariano Haro, toda una leyenda del atletismo español, al que tanto debe este hermoso deporte y sus eternamente fieles aficionados.

 

[José Molina]

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