«No le…, si le…»

«No le…, si le…»

Los cromos eran, por decirlo de alguna forma, nuestra «moneda de cambio». Es decir, servían para cambiar los repetidos en el colegio, durante el recreo o a la salida de clase, o en el barrio con los amigos, pero sobre todo eran materia imprescindible de intercambio a la hora de jugar a las canicas, al tacón, a la lima o al trompo, también conocido como peonza. Así, el que ganaba se llevaba los cromos de los demás y viceversa. De esa forma se podía ir completando la colección que se estuviera haciendo o simplemente presumir del taco de cromos que se tenía. Cuanto mayor era, más prestigio te daba a la hora de jugar, e igualmente viceversa.

Para ello, obviamente, había que ponerse de acuerdo en las colecciones que se hacían; o sea, si tus amigos tenían cromos de la Liga de fútbol 1966-1967, y tú de la Vuelta Ciclista a España 66, pues el tema se ponía crudo, porque si a uno le faltaba Pirri o Zoco para completar la plantilla del Real Madrid, para qué narices necesitaba un cromo de Francisco Gabica, el ciclista del Kas, por poner un ejemplo.

Y ojo que la elección no era fácil, porque en los años 60 había colecciones de cromos para dar y tomar. Lo normal, desde luego, como siempre ha sucedido, es que se coleccionara la Liga de Fútbol, pero no podía descartarse nada, ya que había para todos los gustos. ¿Qué no? Pues, para convencer a los incrédulos, ahí va solo una pequeña lista de las colecciones de cromos que se podían hacer en aquellos tiempos: películas de Marisol, como «Un rayo de luz» y «Ha llegado un ángel», de Pili y Mili, de Pablito Calvo y de Rocío Dúrcal; de flora y fauna, como «Flores de todo el mundo», «Animales de todo el mundo», «Álbum del reino animal» y «La naturaleza y sus maravillas»; de series de TV, como «Los Picapiedras», «Rin Tin Tin» y «Bonanza»; de estrellas del cine y de la TV; de «Historia de la aviación», «Historia de la guerra», «Historia de la locomotora» y «Colección universal de banderas, escudos, monedas y mapas», y muchas otras más, sin olvidar, claro, la de «Vida y color», a la que habrá que dedicar un monográfico.

Bueno, y ello sin contar con las colecciones de cromos que, por ejemplo, regalaban Chocolates Torras, entre las que estaban las de «Panorámica de América Latina», «Escala en Oceanía» y «Visión de Asia»; Bimbo, «Álbum de conocimientos universales»; Mistol-Lavasol, «Un día en el zoo», y La Casera, «Álbum concurso campeonato de Liga 1964-65». Y vamos a parar ya porque no acabaríamos.

En fin, todo un catálogo de cromos que daba, desde luego, para pasarse todo el día con el «no le..., si le...», y buscar hasta el infinito y más allá el último cromo que te faltaba para completar tu álbum.

José Molina

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