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«Estudio abierto»

«Estudio abierto»

Antes de empezar, aclaremos una cosa. En 1970, año al que se remonta esta información, la única TV que aún seguía habiendo en nuestro país era TVE; eso sí, ya con dos canales, que para eso en 1966 se había puesto en marcha el UHF (más tarde TVE2—. De modo que, nos gustara o no nos gustara sentarnos frente al televisor a ver un programa, la única opción que había era «tragarnos» lo que ponían o buscar una alternativa de ocio, que tampoco era mal invento.

Dicho esto, parecería que ya habíamos empezado a descubrir lo que hoy se conoce como «telebasura», pero cuando echas a la vista atrás y rebobinas la memoria para recordar en qué tipo de sometimiento televisivo estábamos envueltos, con bastante frecuencia te llevas muy gratas sorpresas.

Una de ellas es precisamente la que nos remonta a 1970, en concreto al 29 de marzo, día en que, también precisamente, en el UHF comenzó a emitirse un modesto programa en directo que llevaba por título «Estudio abierto» y en el que, durante más de dos horas, se sucedían entrevistas, actuaciones musicales, algunas dosis de actualidad y contenidos varios. Además, el creador y presentador de este «talk show» —nombre con el que hoy día se conoce este tipo de programas, y al que entonces se les daba el apelativo de «variedades»—, era un joven periodista llamado José María Íñigo al que, por lo visto, sus años de estancia en Londres, lo que entonces era como doctorarse en Harvard, parece que lo habían convertido en todo un experto en música, como bien lo demostraban sus colaboraciones en revistas y programas de radio, como «El Gran Musical» y «Los 40 Principales», entre otros.

Y así, como el que no quiere la cosa, de pronto descubrimos los pocos recursos y el mucho talento que bastaban para hacer un estupendo programa que, además de ser entretenido, contaba cosas interesantes y, a veces, hasta sorprendía, lo que irremediablemente hizo que cada vez se fueran enganchando a él más espectadores. El resultado de este gran éxito es que en 1974 acabó dando el salto a la «primera cadena», lo cual ya era como alcanzar la gloria. Lástima, eso sí, que este proceso de «glorificación» solo durase hasta 1975 —«Estudio abierto» volvió fugazmente a emitirse entre 1984 y 1985—, aunque no nos dejó huérfanos del todo, porque ese mismo año Íñigo y compañía se pusieron al frente de «Directísimo», otro programa confeccionado con el mismo patrón que también podríamos catalogar de «estupendo».

De «Estudio abierto», desde luego, muchos aún seguimos teniendo agradables recuerdos. El primero, sin duda, el del propio José María Íñigo, que con su esplendoroso mostacho, su forma de expresarse y, sobre todo, su manera de dominar la escena lograba darle un «caché» especial al programa. Y junto a él toda aquella nómina de personajes, famosos y desconocidos, que pasaron por él, entre los que seguramente más de uno aún tiene grabado en su memoria el de Uri Geller; sí, aquel mentalista capaz lo mismo de doblar una cuchara con solo frotarla, que lograr con la mente que un reloj volviera a funcionar, sin tan siquiera tener que darle cuerda. En fin, las cosas del directo…

José Molina

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