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«Los invasores», seres extraterrestres de un planeta agonizante

«Los invasores», seres extraterrestres de un planeta agonizante

¡Ojo a lo que iba contando una voz en off durante la presentación de cada capítulo de la serie «Los invasores»! Atentos, porque no tiene desperdicio: «Los invasores, seres extraterrestres de un planeta agonizante. Su destino: la Tierra. Su propósito conquistar el planeta. David Vincent sabe que los invasores ya están aquí y que han adoptado forma humana. De algún modo, Vincent ha de convencer a este mundo descreído de que la pesadilla ha comenzado. David Vincent tiene que luchar, en solitario, con una raza de invasores de otra galaxia y, por si fuera poco, enfrentarse a un enemigo aún más difícil de vencer: el escepticismo del resto de la humanidad. Cualquiera puede ser un invasor: el policía al que pide ayuda, el periodista que se interesa por la historia, la chica con la que cree haber ligado... Vincent no se puede fiar de nadie, la persona menos pensada puede ser uno de los invasores de los que escapa a la vez que persigue».

Desde luego, no es difícil adivinar el cuerpo que se nos quedaba mientras escuchábamos este premonitorio apocalipsis y el miedo que empezábamos a sentir antes incluso de que empezara cada capítulo, lo que no impidió que, durante el tiempo en que se emitió la serie, entre 1967 y 1968, nos engancháramos completamente a ella. Y es que cómo dejar solo al pobre David Vincent (Roy Thinnes), arquitecto de profesión, tratando de convencer a los demás de que unos extraterrestres con forma humana habían invadido la Tierra y de que, además, querían acabar con él para que no lo revelase. Por más que lo intentaba y por más pruebas que lo demostraban, no había manera de que alguien lo creyese. A nosotros casi nos daban ganas de colarnos por la pequeña pantalla para decirle a la gente a la cara que era verdad lo que contaba David —así lo llamábamos porque ya llegamos a tener una cierta confianza con él—. «¡Pero alma de Dios —les habríamos dicho—, pero si hasta ha visto cómo ha aterrizado un OVNI en la Tierra!».

Aunque, a medida que avanzaba la serie, por fin David Vincent iba logrando convencer a algunas personas de lo de la invasión, nosotros seguíamos desesperándonos, más aún después de saber que podía distinguirse a un invasor porque el dedo meñique de su mano derecha —o izquierda, no recuerdo bien— lo tenía rígido. ¡Vamos, vamos, esa sí que era la prueba definitiva! Yo creo que nos acabamos creyendo tanto lo que pasaba en la serie, que incluso en nuestra vida real empezamos a fijarnos si había personas a nuestro alrededor que tuvieran así el dedo meñique y, por tanto, a sospechar que fueran invasores. ¡Qué momentos de tensión pasamos aquellos dos años dentro y fuera de la pantalla!

Ahora que recuerdo todo lo que vivimos alrededor de la serie «Los invasores», comprendo bien cómo fue posible que, en 1938, Orson Wells provocara el pánico general durante la emisión radiofónica de «La guerra de los mundos», una adaptación de la novela de H. G. Wells, que contaba que EE UU estaba siendo invadido por un ejército de alienígenas.

Si es que hay que ver con qué facilidad nos convences a los ciudadanos de a pie, ya sea con extraterrestres de por medio, hipotecas, promesas electorales o participaciones preferentes.

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