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«Muerte de un ciclista» (1955)

«Muerte de un ciclista» (1955)

El 9 de septiembre de 1955 se estrenó en el cine Rialto de Madrid «Muerte de un ciclista», una producción hispano-italiana dirigida por Juan Antonio Bardem, uno de esos brillantes directores noveles que habían irrumpido en el cine español, y que en su filmografía ya había títulos tan notables como «Es pareja feliz» (1951), codirigida junto a Luis García Berlanga, y «Cómicos» (1954).

A pesar de que la implacable censura de la época la calificó de «gravemente peligrosa», lo que era para echarse a temblar, la película tuvo una extraordinaria acogida tanto de público como de crítica, y también una magnífica difusión internacional, como lo demuestra el Premio de la Crítica Internacional que recibió en el prestigioso Festival de Cine de Cannes, lo que llenó a los españoles de «orgullo y satisfacción».

Con guión del propio Bardem y de Luis Fernando de Igoa, la verdad es que la historia de una pareja de amantes de clase social alta, María José (Lucía Bosé) y Juan Fernández Soler (Alberto Closas), que dejan morir a un ciclista al que han atropellado para proteger su situación personal, produjo un «impacto súbito» muy de agradecer. Según matizaba la crítica del diario «ABC» en su edición del 10 de septiembre: «Es la historia de un arrepentimiento. El grito que un hombre siente en su interior por un delito que, en compañía de una mujer, ha cometido, y que le acusa y le arrastra para que no quede impune. Pero la mujer es casada y vela por su reputación... Tal es el tema, tal es el planteamiento del conflicto que ha de desarrollarse». Y añade acertadamente: «La acción es trepidante, angustiosa, cada vez más, conforme avanza hacia el desenlace, y Juan Antonio Bardem ha sabido hallar el ritmo justo, aquilatar y dosificar la emoción en los sucesivos pasajes, empleando una técnica audaz a menudo, produciendo el choque entre contrapuestos ambientes».

Desde luego, «Muerte de un ciclista», filme al que muchos califican de «obra maestra», sirvió, además, para pensar con sólidos argumentos que en España, por fin, empezaba a hacerse un cine más moderno, más arriesgado y crítico, lo que ya era mucho pedir en aquellos tiempos que corrían en plena década de los 50. Y de ello daban constancia las grandes personalidades cinematográficas de la época, como el prestigioso historiador Fernando Méndez-Leite, que en su no menos prestigiosa «Historia del cine español» (Rialp, Madrid 1965, vol. II, p.209-210) dejaba escrito: «El guión técnico trazado por el propio Bardem posee aciertos formales al emplear un lenguaje de positiva expresividad. Se sale de las viejas normas para asumir matices de tipo intelectual que se manifiestan a lo largo de toda la obra. La magnífica labor del director da lugar a que la trama prenda en el ánimo del espectador, el cual se enfrenta así con las más insospechadas emociones».

Poco más que añadir, de modo que tanto aquellos que por aquel entonces vieron «Muerte de un ciclista», como los que tuvieron ocasión de verla más adelante o los que aún no la han visto, se ruega busquen en cualquier videoteca y disfruten en casa propia o ajena de esta dura y emotiva película protagonizada con manifiesta credibilidad por Lucía Bosé («la inteligente estrella del cine italiano —señalaba Méndez-Leite—, que en todo momento vive su tipo en forma altamente convincente»— y Alberto Closas (que, añade Leite, «se revela asimismo como intérprete de talento excepcional»). Pues dicho queda todo.

José Molina

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