Reparto de lujo

Reparto de lujo

Durante décadas, los espectadores españoles de cine y televisión pudieron disfrutar de un excepcional elenco de actores y actrices, la mayoría de ellos formados desde pequeños en alguna de aquellas compañías teatrales de repertorio que pululaban por toda la geografía española llevando a cualquier lugar, por pequeño que fuera, un poco de diversión, entretenimiento y algo también de melodrama, que igualmente era muy bien recibido. Solían ser parte de alguna saga familiar o bien cómicos de vocación temprana que, en cuanto veían la oportunidad, se subían a un escenario simplemente como figurantes o meritorios con aspiraciones, en el futuro, a llegar a ser primer actor/actriz, actor/actriz de carácter o cómico, primer galán, dama joven, característico/a o genérico o simplemente racionista o actor/actriz secundario, según edad, hechuras y dotes interpretativas.

De esa fructífera escuela entre bastidores fueron surgiendo, casi de forma incesante, maravillosos actores y actrices, bien principales o secundarios, muchos de los cuales probablemente no recibieron la atención y el reconocimiento que hubieran merecido.

En ese «star system» a la española, que comenzó a brillar con luz propia ya en los años 40 y que se fue prolongando con paso firme en los 50, 60 y hasta diría que en los 70, sería imperdonable no recordar, entre otros de una lista interminable, a actores como Juan Espantaleón, Guillermo Marín, Rafael Durán, Conrado San Martín, Roberto Rey, Fernando Fernández de Córdoba, Alfredo Mayo, Antonio Casal, Antonio Vilar, Rafael Rivelles, Fernando Rey, Luis Prendes, Manolo Morán, Jorge Mistral, Tomás Blanco, José Orjas, Carlos Casaravilla, José Suárez, Antonio Riquelme, Manuel Luna, José Isbert, Tony Leblanc, José Sacristán, Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, José Luis López Vázquez o Juan Diego, a los que cada cual puede colocar etiqueta y valoración.

Y, por supuesto, en esa rutilante nómina es obligado incluir a actrices como Antoñita Colomé, Lina Yegros, Imperio Argentina, Conchita Montes, Amparo Rivelles, Aurora Bautista, María Victoria Durá, Marisa de Leza, Ana Mariscal, Milagros Leal, Julia e Irene Caba Alba, Elena Espejo, María Asquerino, Mari Carmen Prendes, Amparo Soler Leal, Emma Penella, Concha Velasco, Gracita Morales o Matilde Muñoz Sampedro, por citar solo algunas de una no menos extensa lista, a las que igualmente se invita a valorar y catalogar.

Con la llegada de la TV, además, y gracias a series y producciones dramáticas, a la memoria colectiva de los españoles se fueron añadiendo otros excepcionales actores y actrices quizá menos conocidos, bien porque habían lucido poco en el cine, bien porque su trayectoria teatral no había sido suficiente para gestionar su popularidad. Bastaría simplemente con echar una ojeada a algunos programas de los años 60, para hacer un «reparto de lujo» en el que podrían figurar actores como José Bódalo, Antonio Ferrandis, Agustín González, Ismael Merlo, Jesús Puente, Fernando Delgado, José María Prada, Carlos Lemos, Pablo Sanz, Luis Prendes o José María Rodero, además de actrices como María Isbert, Julia y Emilia Gutiérrez Caba, Aurora Redondo, Rafaela Aparicio, María Luisa Ponte, Tina Sainz, Encarna Paso, Ana María Vidal, Elvira Quintillá, Rafaela Aparicio o Lola Herrera, cuyos rostros y voces resulta difícil olvidar.

Por supuesto, no todos los citados, y sin citar, antes y ahora corrieron idéntica suerte. La rutilante carrera de algunos resistió poco el paso del tiempo; la de otros fue algo más duradera, mientras que la de unos pocos permaneció invicta durante décadas, ya fuera en teatro, cine o TV. Pero todos ellos, los que ya no están y los que por fortuna aún continúan en activo, los que alcanzaron gran pero efímera popularidad o aquellos que todavía seguimos recordando, han contribuido a dar la medida del extraordinario nivel interpretativo que ha existido en nuestro país, de los grandes actores y actrices que durante décadas habitaron platós y escenarios.

Y discúlpeme la audiencia si se malinterpretan mis palabras. No quiere decir todo lo dicho hasta ahora que hoy día no haya en nuestro país excelentes actores y actrices, pero quizá es que mi memoria resiste mal el paso del tiempo y emborrona lo acaecido ayer, pero conserva con meridiana nitidez lo sucedido largo tiempo atrás.

José Molina

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