Plusesmas.com

Cursos por correspondencia

Cursos por correspondencia

Para qué engañarnos. Lo de ir a la universidad para estudiar una carrera, por desgracia, no estaba al alcance de todo el mundo, así que en cuanto el niño o la niña terminaban bachillerato, si es que no lo habían dejado antes o habían optado por la Formación profesional, el principal objetivo era que se pusieran a trabajar lo antes posible o que se formaran para tener una profesión, a ser posible que «tuviera futuro».

En el primer caso, por ejemplo, lo de entrar como aprendiz en alguna empresa siempre era una buena opción. Además, quién sabe hasta dónde podía llegar en la empresa si la cosa iba bien. Sin ir más lejos, solía ser el comentario habitual, «el hijo de la vecina de al lado entró como botones en la sucursal de un banco, y ahora es director». Que al niño o a la niña no les gustaba lo de ser aprendiz, pues siempre cabía lo de pasar a la segunda opción; o sea, a la de tratar de formarse para tener una profesión.

Resuelto el asunto, lo más socorrido era buscar academias en las que colmar las expectativas profesionales de los niños —bueno, seamos realistas, ya jovencitos—, que haberlas las había, y solo era cuestión de encontrar la que más garantías ofreciera, pero también la que mejor se ajustara al bolsillo familiar, que no estaba el horno para bollos. Que por mucho buscar no se encontraba nada y que ya urgía que a no mucho tardar entrara un sueldo más en casa, pues a lo mejor no estaba mal lo de hacer un «curso por correspondencia», que al parecer era algo bastante práctico, tenía una oferta bastante variada y, por supuesto, era mucho más económico. Que por fin esto era en lo que había consenso general, pues a «aprender en su casa la profesión que más le guste». Al menos eso era lo que rezaba la publicidad de CEAC, que en aquellos años era una de las empresas líderes en lo de «cursos por correspondencia», junto con CCC, que hace ya casi sesenta años que anda metida en estos menesteres y aún le queda cuerda para rato.

Como es fácil suponer, a la hora de elegir un curso, la distinción entre chico o chica, hombre o mujer, varón o hembra, era más que evidente. En el primer caso, las opciones eran múltiples, así que según habilidades, gustos, talento y disponibilidad, se podía elegir desde un curso de mecánico de automóviles, fontanería, maestro electricista o técnico en construcción, hasta uno de delineante mecánico, dibujante o técnico en radio y televisión, todos ellos desde luego de gran porvenir.

En el caso de la chica, mujer o hembra, también la oferta era variada, aunque los cursos más demandados —a veces catalogados como «fémina»— eran los de secretariado —incluyendo taquigrafía y mecanografía—, peluquería y corte y confección, sin descartar los de contabilidad, oficinas y despachos y organización administrativa, que siempre se podían complementar con uno de idiomas, a ser posible francés o inglés.

¡Y suerte a todos, a aprender pronto una profesión y a colocarse, que era, al fin y al cabo, de lo que se trataba!

José Molina

Categorías

Relacionados

Comentarios (0)

* *

*