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¿Jugamos al tacón?

martes, 3 de octubre de 2017

¿Jugamos al tacón?

El bueno de Mariano, el zapatero del barrio, del que ya hemos hablado en otra ocasión, o hablaremos en cualquier momento, era nuestro principal suministrador de material para que, especialmente en verano, pudiéramos jugar «al tacón». Bueno, salvo que alguno en su casa pudiera hacerse con el tacón de algún zapato —de «caballero», eso sí— ya en fase de liquidación que ni siquiera Mariano pudiera arreglar.

En realidad, el del tacón no era sino uno de los muchos juegos que nos inventábamos para pasar el rato con los amigos, habida cuenta de que no contábamos con más medios que la imaginación y los objetos con los que buenamente pudiéramos hacernos. Es decir, como lo que hacíamos con las canicas, la lima, las tabas o las chapas, pero esta vez usando simplemente los tacones de los zapatos de hombre aunque, por qué no, bien se podríamos haber jugado con el zapato completo.

Por lo demás, las reglas del juego eran bastante sencillas, al menos de la forma que los chicos de mi barrio jugábamos, porque he podido comprobar en mi ardua labor documental que en otros lares se jugaba también de otro modo, aunque siempre utilizando la misma herramienta. En nuestro caso, solo había dos maneras. La primera, dibujando con tiza una línea a cierta distancia, del tal modo que se llevaba el botín, del que luego hablaremos, el que consiguiera lanzar el tacón y ponerlo lo más cerca posible de la misma o incluso rozándola. La segunda consistía igualmente en lanzar el tacón, pero tratando de dejarlo encima del tacón de otro jugador. Para todo ello, por cierto, se requería a veces decorar convenientemente los tacones incrustándoles incluso chinchetas, de tal modo que pudieran escurrirse mejor en el asfalto. ¡Ah!, y el botín. Pues, como en todos los juegos que se preciasen, los «valiosos» cromos de la colección que estuviésemos haciendo ese momento, por lo general de la Liga de fútbol o de la Vuelta ciclista a España. Así, que mi tacón era el que estaba más cerca de la línea de tiza, pues a darme cromos los demás. Que otro jugador colocaba su tacón a un palmo del mío, pues a darle mis cromos a él.

Y así una tarde tras otra, convenientemente alternada con un montón de juegos más, de los que ya iremos hablando en otras ocasiones.

La foto aclara perfectamente qué parte del zapato se utilizaba para jugar al tacón. Se ruega encarecidamente a todo aquel que disponga de imágenes que ilustren con exactitud cómo se jugaba, lo haga saber a la mayor brevedad posible a la autoridad competente.

José Molina

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