Una Semana Santa distinta... ¿no?

Una Semana Santa distinta... ¿no?

El 28 de marzo, Domingo de Ramos, daba comienzo una nueva Semana Santa, una semana de celebración, que los dos últimos años ha estado envuelta en una sensación atípica debido a los tiempos que corren. Podíamos pensar que estas Semanas Santas herméticas, sin procesiones, en las que evitamos contacto con otras personas, son algo extraordinario, algo que nunca antes se ha vivido, pero lejos de la realidad, estas Cuaresmas de recogimiento eran lo normal en la década de los 60, aunque por circunstancias muy dispares. Es por ello que, en este Queridos Recuerdos, viajamos en el tiempo a la década de los 60, para recordar cómo era la Semana Santa de la época y observar cómo ha cambiado en la actualidad.

La Semana Santa ha vivido transformaciones a lo largo de estos años que la han llevado a ser concebida algo distinta en la actualidad. En una sociedad tan religiosa como la España de la época, la Semana Santa no era concebida como una semana de vacaciones utilizada como puente de descanso entre las vacaciones navideñas y de verano, sino una semana de celebración con un trasfondo muy trágico y cruel. Una festividad que, dependiendo de dónde vivieses, se vivía con mayor o menor rigurosidad: si vivías en una ciudad de gran devoción, donde se sacaban imágenes y procesiones a la calle, eras de aquellos que tenían suerte, podías salir a la calle, juntarte con unos amigos y disfrutar de un espectáculo muy emotivo que transmitía un sentimiento de intensidad y belleza inigualables; pero si vivías en un pueblo pequeño, prepárate para vivir una de las semanas más tediosas del año, una semana de recogimiento vivida en familia en la que se instaba a no salir de casa. Era una semana de penitencia en la que el espíritu tenía que estar por y para la celebración.

A día de hoy, la festividad sigue conservando ese marcado carácter religioso que la define, pero no se puede negar que ha pasado a ser una semana más dirigida hacia el ocio, en la que el turismo se dispara y los eventos aumentan. En la década de 1960, en una semana en la que el espíritu tenía que estar a entera disposición del sufrimiento vivido por Jesucristo casi dos milenios años atrás, el ocio y la diversión eran vistos como una ofensa, al desviar la atención de lo que era lo realmente importante. Las distintas manifestaciones de ocio que los españoles hemos cultivado a su máximo esplendor desaparecían enteramente del país por una semana: las discotecas y teatros cerraban, en los cines la cartelera solo ofrecía películas sobre la vida de Jesucristo, e incluso los circos, a los que siempre se les ha atribuido una vida loca y rebelde, nunca sujetos a reglas, sucumbían ante la solemnidad de una fiesta que trascendía a otro nivel.  Así mismo, la televisión y la radio también se veían afectadas. Las emisoras y cadenas suprimían concursos, juegos y dibujos animados, pasando a basar su programación en un sinfín de informativos, programas religiosos y películas “de romanos”.

Y es que, aunque la forma de concebir esta semana haya en cierto modo cambiado, hay cosas que siguen manteniéndose inamovibles, como son las tradiciones. Las típicas procesiones, que ya en 1960 eran el centro de atención de ciudades como Sevilla o Málaga, siguen siéndolo a día de hoy, hasta el punto de haberse convertido en un evento turístico sin parangón y una de las imágenes principales que exporta nuestro país al mundo; las peregrinaciones a lugares religiosos de toda nuestra geografía siguen estando a la orden del día, y las penitencias, como el ayuno o no poder comer carne los viernes de Cuaresma, siguen existiendo en un intento desesperado por demostrar el compromiso con Jesucristo, y el agradecimiento por su sufrimiento. Algunos podrán pensar que hay que estar loco para llegar a tales extremos por una tradición, pero es que todo se veía recompensado cuando después de un largo día de ayuno, disfrutabas de una de esas maravillosas torrijas caseras preparadas por tu abuela. Al final de todo, puede incluso que la Semana Santa no haya cambiado tanto, loco sigues teniendo que estar si no sabes disfrutar ese manjar.

Javier del Valle Amaya.

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