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Síntomas y tratamiento de la neumonía

Una neumonía o pulmonía es una infección del pulmón con desarrollo de microorganismos en el interior de los alvéolos, lo que provoca una inflamación con daño pulmonar. La reacción inflamatoria produce una ocupación de los alvéolos que se visualiza en una radiografía de tórax.

CONTENIDO AUDIOVISUAL
➤ Vídeo: Cómo funcionan los pulmones
➤ Vídeo: ¿Cómo se origina una neumonía?
➤ Vídeo: ¿Por qué se produce un neumotórax?

¿Qué es una neumonía?

Una neumonía o pulmonía es una infección del pulmón con desarrollo de microorganismos en el interior de los alvéolos, lo que provoca una inflamación con daño pulmonar. La reacción inflamatoria produce una ocupación de los alvéolos que se visualiza en una radiografía de tórax.En los países desarrollados es la sexta causa de muerte. Se observan aproximadamente entre 7 y 15 casos por cada 1000 personas al año.

¿Cuáles son sus causas?

Las neumonías ocurren cuando un germen infeccioso invade el tejido pulmonar. Estos gérmenes pueden llegar al pulmón por tres vías distintas: por aspiración desde la nariz o la faringe, por inhalación o por vía sanguínea. El mecanismo más frecuente es la aspiración de microorganismos desde las vías respiratorias más altas. Las vías respiratorias altas (boca, nariz, faringe) están habitualmente colonizadas por bacterias, sin que éstas estén produciendo una enfermedad. Las vías respiratorias tienen mecanismos de defensa que evitan que lleguen bacterias al pulmón, como son la tos, la presencia de células con cilios, encargadas de eliminar las partículas que alcancen los bronquios, y células y sustancias especialmente diseñadas para la inmunidad, como son los linfocitos, neutrófilos, macrófagos y anticuerpos. Estas defensas pueden debilitarse por determinadas circunstancias y facilitar así que estos gérmenes alcancen el pulmón y produzcan infecciones. Este es el mecanismo de las neumonías producidas por gérmenes como neumococo, Haemophilus y algunos estreptococos. Algunos procesos que producen estas alteraciones de los mecanismos de defensa son el consumo de tabaco, las enfermedades pulmonares crónicas, el alcoholismo, la desnutrición, la diabetes, los problemas crónicos renales o hepáticos, las alteraciones de nivel de consciencia y otras deficiencias de inmunidad. Un proceso viral o gripal puede producir un daño de las células ciliadas facilitando el desarrollo posterior de una neumonía. Otros microorganismos alcanzan el pulmón desde el aire inspirado, como ocurre en las neumonías causadas por Micoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae, Chlamydia psitacii , Coxiella burnetti (fiebre Q), Legionella pneumophila o virus. Algunas de ellas se transmiten por animales (fiebre Q, psitacosis). Finalmente algunos gérmenes pueden provenir de otra región del organismo (vías biliares, sistema urinario, válvulas cardíacas, etc.) y alcanzan el pulmón a través de la circulación sanguínea.Las neumonías que se adquieren en los hospitales, llamadas también intrahospitalarias o nosocomiales tienen por lo general mayor gravedad y características diferentes.

¿Qué síntomas producen las neumonías?

Los síntomas de las neumonías son variables, sin que ello tenga siempre relación con el tipo de germen causante de la neumonía. Algunos casos se presentan con lo que se llama una "neumonía típica", que consiste en la aparición en varias horas o 2-3 días de tos con expectoración purulenta o herrumbrosa, en ocasiones con sangre, dolor torácico y fiebre con escalofríos. Es la neumonía producida más frecuentemente por neumococo. Otras neumonías, llamadas "atípicas" producen síntomas más graduales con décimas de fiebre, malestar general, dolores musculares y articulares, cansancio y dolor de cabeza. La tos es seca, sin expectoración, y el dolor torácico menos intenso. Algunos pacientes pueden tener síntomas digestivos leves como náuseas, vómitos y diarreas. Estos síntomas son más característicos de Micoplasma, Coxiella o Chlamydia. La mayoría de las neumonías tienen características de ambos grupos.Si la neumonía es extensa o hay una enfermedad pulmonar o cardiaca previa puede aparecer dificultad respiratoria. Además, si los gérmenes pasan a la circulación sanguínea producen una bacteriemia que puede conducir a un "shock séptico", con riesgo para la vida. Las neumonías pueden complicarse con el desarrollo de un derrame pleural, insuficiencia respiratoria o en los casos más severos fallo renal o cardíaco. En personas ancianas la presentación puede tener síntomas iniciales menos llamativos con fiebre poco elevada o ausente, tos escasa y con alteración del comportamiento.

¿Es grave una neumonía?

La gravedad de una neumonía depende de la extensión de pulmón que esté afectado, del tipo de germen que la cause y de la edad y de las enfermedades que ya se tengan previamente. Tienen más riesgo las neumonías en personas con mayor edad, problemas cardiacos, renales, hepáticos o pulmonares, diabetes y consumidores de alcohol. La mayoría de las neumonías en personas sanas si no son extensas se curan con tratamiento antibiótico por vía oral, sin que sea preciso el ingreso hospitalario. Así, en este grupo sólo el 3 al 10% requieren ingreso. No obstante, si hay otras enfermedades añadidas, derrame pleural, es extensa o no ha respondido a un tratamiento correcto inicial se requiere el ingreso en un centro hospitalario para tratamiento. En casos severos pueden requerir intubación y conexión a un respirador e ingreso en una unidad de Cuidados Intensivos.

¿Se pueden prevenir?

Hay pocas medidas para evitar la aparición de una neumonía. En raras ocasiones se adquiere por un contagio de otra persona y las más frecuentes se originan por gérmenes que "habitan" habitualmente en nuestras vías respiratorias. Puesto que muchas de ellas comienzan tras un proceso viral o gripal, la vacunación anual antigripal es recomendable en todas aquellas personas con mayor riesgo (mayores de 65 años, enfermedades bronquiales o pulmonares crónicas, enfermedades renales, cardiacas o hepáticas crónicas) Asimismo la vacunación con vacuna antineumocócica evita la aparición de neumonías con bacteriemia causadas por neumococo. Su uso es recomendable en personas mayores de 65 años o mayores de 2 años con enfermedad cardiovascular o pulmonar crónica, alcoholismo, enfermedad hepática crónica, ausencia de bazo por cirugía o traumatismo, o pérdidas de líquido cefalorraquideo, así como personas con inmunodeficiencias, cáncer generalizado, insuficiencia renal crónica o quienes han recibido un trasplante. Las personas que padecen asma, bronquitis crónica o bronquiectasias, deben iniciar tratamiento antibiótico precozmente cuando aparecen síntomas de infección respiratoria (tos con aumento o cambio de la expectoración y dificultad respiratoria), pautado por un médico. Sin embargo esto no justifica la utilización de antibióticos de manera indiscriminada porque la mayoría de las infecciones respiratorias de vías altas (rinitis, catarro común, faringitis) son causadas por virus, que no precisan ni mejoran con tratamiento antibiótico. El empleo generalizado y en exceso de antibióticos provocaría la aparición de bacterias resistentes a antibióticos.

¿Cómo se diagnostica y cuál es el tratamiento?

Ante la sospecha de una neumonía por los síntomas y la exploración física se ha de realizar una radiografía de tórax para confirmar el diagnóstico. Una vez realizado debe empezarse el tratamiento con la menor brevedad posible. El tratamiento de las neumonías bacterianas son fármacos antibióticos. Hay una diversidad muy importante de antibióticos y la decisión del tipo de antibiótico depende del germen que se sospecha, la gravedad de la neumonía y las características del enfermo. En la mayoría de los casos no es necesario buscar el germen causante salvo que se trate de una neumonía grave o no responda al tratamiento. En estos casos puede ser necesario realizar técnicas diagnósticas como cultivo de muestras respiratorias o de sangre, broncoscopia, serología o punción pulmonar. Si existen factores de gravedad debe hacerse un ingreso hospitalario e iniciar tratamiento intravenoso con antibióticos y otros medicamentos que puedan requerirse.

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

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