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Quédate con lo mejor del sol

Quédate con lo mejor del sol

El sol es un gran seductor. No puedes vivir sin él. Te llena de energía, optimismo, salud. Te hace sentirte más joven. Pero, cuidado, porque esa «pasión» te puede quemar... o devolverte todo tu esplendor.

Deberíamos conocer bien a esta «amiga» de toda la vida: nues­­tra piel. Pe­­ro, última­­mente, está rara y no sabemos cómo va a reac­­­­cionar cuando tomamos el sol. A ve­­ces, se broncea de forma ca­­prichosa, y el re­­sultado se aleja bastante de esa piel canela, uniforme, que deseamos...

¿Qué nos está pasando? Ya antes de los 50, la piel, formada por dos capas principales, una exterior, la epidermis, «impermeable» y delgada, y una interior, la der­­mis, elástica y fi­­brosa, em­­pieza a perder firmeza, elasti­­cidad e hidratación, y sus propiedades de re­­generación comienzan a disminuir. Ade­­más, cada 10 años, la piel pierde un 10% de los melanocitos ac­­tivos, que son las células encargadas de protegerla de los rayos del sol y activar el bronceado, la producción de melanina se acumula en unas zonas y de­­saparece en otras, y aparecen las man­­­­­­chas oscuras y blancas. La buena noticia es que hoy, gracias a la ciencia, el mundo de la cosmética nos ofrece soluciones a la medida de una piel madura.

Antes de tomar el sol
Es conveniente prepararse por dentro y por fuera para tomar el sol.

Por dentro:
➤ Una alimentación equilibrada y una hidratación adecuada ayudarán a tu piel a resistir las agresiones, a tener un aspecto inmejorable, incluso a conseguir un color más bonito.

Por fuera:
➤ Las cremas exfoliantes eliminan las cé­­lulas muertas y dejan la piel en las mejores condiciones para absorber mejor tratamientos posteriores.

➤ Como medida de precaución, evi­­ta usar colonias justo antes de exponerte al sol, pueden producir manchas.

Pero, además de prepararla, hay que protegerla:
➤ La piel madura, que necesita habitualmente unos cuidados especiales, es sumamen­­te vulnerable a los agen­­tes externos. Por eso los foto­­pro­tectores son in­­dispen­­sables para la exposición solar: protegen la piel de los efectos perjudiciales de las diversas ra­­diaciones solares. ¿Có­­mo? Fil­­tran­­do o bloqueando estas radiaciones me­­diante unas sustancias que reflejan o dispersan las ra­­dia­­ciones o que absorben los rayos UV trasformándolos en inocuos.

➤ Es fundamental elegir el protector adecuado a tu tipo de piel y tener en cuenta ciertas pautas de exposición pa­­ra que nada enturbie tus vacaciones.

Broncéate y disfruta
Toma el sol paseando por la orilla del mar, en una tumbona, haciendo senderismo, en tu terraza, vestida o en bañador... Pero siempre protegida. En principio, evita las horas del me­­diodía. Aplícate el protector, unos 15 minutos antes de la exposición directa, por todas las zonas que van a estar expuestas al sol, aun­­que ya estés morena. Y no pienses que las piernas son menos sensibles a las quemaduras. Se ha detectado que mu­­chos problemas de piel derivados del sol aparecen antes en las pier­­nas.

Si tu permanencia al sol ba­­te récords, o tu piel es muy sensible, utiliza produc­­tos con factor de protección su­­perior a 30. Te broncearás, no lo du­­des. Y recuerda que hay que aplicarse el pro­­tector cada dos horas. Des­­pués del ba­­ño, utilízalo otra vez, porque la toalla lo arrastra. Pero ten en cuenta que lograrás un bronceado más uniforme si tomas el sol en movimiento. Los protectores son necesarios incluso los días nublados, porque la emisión de ra­­yos UVA es constante.

Bebe agua antes de que sientas una sed apremiante y, si te apetece, concédete un polo de limón. Un pe­­queño placer: llevar a la playa fruta fresca para picar. ¡Y no te olvides de la pamela o la visera!

Y después del sol…
Por supuesto, una buena ducha ti­­bia. Luego te vendrá muy bien aplicarte en todo el cuerpo una crema hi­­dratante o un producto especial que te refresque y calme tu piel. Si sientes sensación de tirantez, extiéndelo so­­bre la piel mojada. Muchos de los productos que utilizamos contienen aloe vera, una plan­­ta casi milagrosa con propiedades cal­­mantes, entre otras, extraordinarias.

Un buen consejo: ahora que empiezas a coger color, no te maquilles mu­­cho, conserva ese aire natural.

Un invento genial: los autobronceadores
Los nuevos autobronceadores tienen muchas ventajas: no son solo productos que tiñen la piel, permiten ob­­te­­ner un bonito tono uniforme, más luminoso y sin riesgos. Cada vez están más conseguidos. Hidratan la piel y la sua­­vi­­zan, combaten el en­­vejecimiento, tienen efecto tensor y nos per­­miten seguir do­­radas más tiempo.

Imprescin­­dible en esos fes­­tejos prevacacionales que te sorpren­­den blanca co­­mo la le­­che o morena de verde luna. Se recomienda exfoliar la piel antes de aplicar el autobronceador. J

I. García Olasolo

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