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Síntomas y tratamientos de la diabetes mellitus tipo 1

Síntomas y tratamientos de la diabetes mellitus tipo 1

La diabetes mellitus es una de las enfermedades cuyo conocimiento por el hombre es más antiguo.

CONTENIDO AUDIOVISUAL
Vídeo: ¿Por qué se produce la diabetes?

Departamento de Endocrinología y Nutrición
CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

¿Qué es?

La diabetes mellitus es una de las enfermedades cuyo conocimiento por el hombre es más antiguo. En el Papiro de Ebers (1550 AC), los egipcios describen un cuadro clínico que hoy llamaríamos diabetes, término utilizado por primera vez por los griegos en el siglo II (DC) y que hace referencia a la continua pérdida de líquido en forma de grandes cantidades de orina (poliuria) que caracteriza a este trastorno. En los siglos dieciocho y diecinueve comenzó a añadirse el adjetivo mellitus (proveniente de la misma raíz latina de la palabra miel), que señala la dulzura por su alto contenido en glucosa de la orina de estos enfermos. La diabetes mellitus se caracteriza fundamentalmente por la presencia de elevadas concentraciones de glucosa en sangre (hiperglucemia) debido a la alteración en la acción de la insulina o ausencia de esta hormona, que es producida en el páncreas para permitir la captación de glucosa por los tejidos (fundamentalmente el músculo) que la utilizan como combustible. En la diabetes insulino-dependiente Tipo 1, las células pancreáticas que producen insulina han sido destruidas. La acumulación de glucosa en la sangre provoca su eliminación por el riñón acompañada de grandes cantidades de agua (lo que explica el aumento de la diuresis en estos pacientes) y es responsable de la alteración de proteínas en arterias de pequeño y gran calibre dando lugar a las complicaciones crónicas de la diabetes. Desde hace décadas consideramos que la mayoría de los casos de diabetes pueden clasificarse en dos grandes tipos que desde 1997 se aconseja denominarlos diabetes mellitus tipo 1 y diabetes mellitus tipo 2. La diabetes mellitus tipo 1 (antes llamada diabetes juvenil o insulinodependiente) corresponde a un 10-20 % de todos los casos de diabetes, y se caracteriza por la deficiencia de insulina desde el momento del diagnóstico clínico lo que hace necesario el tratamiento sustitutivo de esta hormona de por vida. Aunque la mayoría de casos se diagnostican entorno a los 14 años, ahora sabemos que puede manifestarse a cualquier edad.

¿Cuáles son sus causas?

La diabetes mellitus tipo 1 es una enfermedad autoinmune, esto quiere decir que el fallo original está en nuestro sistema inmunitario, cuya función principal es defendernos de lo extraño (como ocurre en las infecciones, en las que los leucocitos y anticuerpos nos defienden de virus y bacterias), y que en estas enfermedades reconoce erróneamente como ajeno un tejido propio y lo destruye. En el caso de la diabetes mellitus tipo 1 son atacadas y destruidas las células productoras de insulina: las células beta del páncreas. Al carecer de insulina no se puede realizar correctamente el metabolismo de los hidratos de carbono, grasas y proteínas. El desencadenamiento de este ataque autoinmune se produce por una combinación de factores genéticos y ambientales. Entre los factores ambientales, los virus parecen los candidatos más probables. Hasta el momento no se han identificado causas específicas (incluyendo vacunas y elementos de la dieta) que puedan desencadenar esta enfermedad en personas que deben tener previamente una susceptibilidad genéticamente condicionada. Los factores hereditarios parecen tener un papel importante, pero el problema, prácticamente, nunca se adquiere directamente por herencia.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas principales antes del diagnóstico son habitualmente cansancio, pérdida de peso, sed intensa y continua producción de orina, incluso por la noche. Es especialmente grave la elevación incontrolada en sangre de glucosa y los llamados cuerpos cetónicos (que se producen en el hígado por un exceso de grasas liberadas al torrente circulatorio en situaciones de gran insulinodeficiencia) ya que, sin tratamiento, es potencialmente mortal cuando llega al extremo del llamado coma cetoacidótico.

¿Cómo se diagnostica?

En las personas no diabéticas, el nivel normal de azúcar en la sangre es de cerca de 90 mg/dl. Tras una comida, este aumenta a casi 126 mg/dl. En general, no existe azúcar en la orina si el nivel de azúcar en la sangre es inferior a 180 mg/dl. El diagnóstico en estos casos suele ser sencillo al determinarse un valor de glucosa en sangre claramente elevado (habitualmente superior a 200 mg/dl) en el contexto de los síntomas antes mencionados. Esta prueba se puede realizar con una gota de sangre obtenida mediante un pequeño pinchazo en el dedo y con un sencillo medidor de glucosa, "glucómetro", en la consulta del médico, en un servicio de urgencias o en una farmacia. En muchos casos, el diagnóstico también puede realizarse midiendo la glucosa y los cuerpos cetónicos ("acetona") en la orina, con una tira reactiva.

¿Cuál es el tratamiento inicial?

Desde el momento del diagnóstico debe iniciarse el tratamiento con insulina. El páncreas normal presiente un aumento en el azúcar de la sangre, tras una comida e, inmediatamente, ajusta el suministro de insulina al organismo. La insulina inyectada, sin embargo, es absorbida por la sangre, independientemente del nivel de azúcar en la sangre. Las personas diabéticas deben aprender a ajustar las comidas e inyecciones adecuadamente, de modo que eviten los extremos: el exceso de azúcar en la sangre (hiperglucemia) y la presencia de muy poco azúcar en la sangre (hipoglucemia). La mejor forma de hacerlo es medir el nivel de azúcar en la sangre, en varias ocasiones del día. Un diabético puede imitar al pancreas normal, inyectándose insulina de acción corta, a la hora de la comidas y de insulina de acción prolongada, antes de acostarse. Algunas personas diabéticas pueden conseguir resultados aceptables con menos inyecciones de insulina de acción prolongada o con mezclas de insulina de acción corta y prolongada. En la mayoría de los casos puede ser necesario un ingreso hospitalario durante algunos días para iniciar el tratamiento insulínico (que se administra por vía subcutánea en dos a cuatro inyecciones diarias), el ajuste de las dosis necesarias y, sobretodo, para recibir a través de un equipo especializado, la instrucción necesaria para la autoinyección de insulina, el análisis domicialiario de glucosa mediante aparatos denominados glucómetros y el seguimiento de una dieta adecuada. Los alimentos pueden dividirse en dos categorías: aquellos que contienen azúcares rápidos (hidratos de carbono rápidamente absorbidos) y aquellos que contienen azúcares lentos (hidratos de carbono lentamente absorbidos). Los alimentos con azúcares rápidos contienen azúcar refinado e incluyen compotas, dulces, caramelos, frutas, zumos de fruta y leche. Estos azúcares rápidos producen niveles de azúcar en la sangre muy elevados (dependiendo de la cantidad consumida) porque el azúcar llega a la sangre en un corto espacio de tiempo. Por lo tanto, es mejor ingerir azúcares lentos. Estos están contenidos en alimentos como patatas, vegetales y arroz. Son mucho más seguros para el diabético porque llegan a la sangre más lentamente y permiten que el organismo los absorba antes de que se "acumulen" (concentren) en la sangre. Las fibras de los alimentos también atrasan la absorción de los azúcares. El ejercicio aumenta la sensibilidad del organismo a la insulina, por lo que tiende a disminuir el nivel de azúcar en la sangre. Es preferible el ejercicio regular, porque fases súbitas de ejercicio vigoroso pueden causar problemas con el control del azúcar en la sangre.

¿Qué avances se han producido en los últimos años en el tratamiento con insulina?

Puede decirse que la disponibilidad de insulina es ya una realidad relativamente reciente, comenzando su producción en 1923. Sin embargo en las últimas décadas se han producido grandes avances entre los que se encuentran la producción de insulina humana mediante técnicas de recombinación, la aparición de insulinas premezcladas (insulina rápida y lenta en diversas proporciones), el desarrollo de nuevos sistemas de administración como las plumas de insulina (precargadas desechables o recargables) y, sobretodo, las bombas de infusión continua de insulina. Estas últimas son sistemas de infusión continua de insulina por vía subcutánea o en algunos casos intraperitoneal de pequeño tamaño que permiten la programación exhaustiva de la administración de insulina que es administrada de forma continuada las 24 horas del día y en forma de bolus antes de cada comida simulando de forma más precisa por tanto la producción fisiológica de insulina por el páncreas. Además de la insulina humana se han desarrollado en los últimos años nuevos análogos de insulina mediante la modificación de la molécula original de la insulina que aportan ventajas en el perfil de absorción de ésta. Así disponemos actualmente de dos análogos de acción "ultrarrápida"- Lyspro (Humalog®) y Aspart (NovoRapid®)y uno de larga duración (en torno a 24 h) y sin picos como insulina basal: Glargina (Lantus®). En relación con otros avances técnicos, también disponemos actualmente de métodos de monitorización contínua de glucosa mínimamente invasivos que permiten de forma cómoda y segura establecer el perfil de glucemia de una persona con diabetes durante las 24 h del día en estudios de más de 24 horas. Estos dispositivos aportan in formación valiosísima para detectar hipoglucemias nocturnas, fenómeno del alba, efecto Somogyi, errores en el autoajuste de insulina rápida a la ingesta,... Sin embargo, posiblemente el gran avance en el tratamiento con insulina de las últimas décadas es el AUTOCONTROL. Este modelo integral de tratamiento consiste en la modificación por parte de la persona con diabetes de su tratamiento insulínico de forma autónoma gracias a la posibilidad de determinar el valor de su glucosa en sangre en cualquier momento de forma rápida y sencilla mediante dispositivos denominados glucómetros y sobretodo a la educación diabetológica recibida a través de su Unidad de Diabetes. Estudios con grandes grupos de población (como el DCCT en Estados Unidos) han confirmado los beneficios de este modelo para conseguir un tratamiento intensivo de la diabetes tipo 1 y así prevenir sus complicaciones y además permite una mayor independencia y flexibilidad en su tratamiento a las personas con diabetes.  No es fácil definir exactamente cual es un buen control, para todos los diabéticos. Naturalmente, el objetivo principal es conseguir unos niveles normales de azúcar en la sangre.

  • En Ayuno 80-110 mg/dl
  • Tras la comida 100-145 mg/dl

Los análisis del azúcar de la sangre deben ser efectuados:

  • Diariamente, antes de acostarse
  • Antes de decidirse en la elección de comidas, ejercicio, etc.

También se puede hacer un análisis del azúcar en la hemoglobina, o HbA1, que ofrece información sobre los niveles de azúcar en la sangre del enfermo, durante las últimas seis semanas. El análisis de la orina es una forma indirecta de comprobar el exceso de azúcar en la sangre. Por eso, los médicos insisten en la importancia de los análisis de sangre. La forma más corriente de medir el azúcar en la orina es introducir una tira especial de plástico en la muestra de orina. La tira cambia de color para indicar la presencia de azúcar en la orina. En general, los análisis de orina deben realizarse dos veces al día, dos o tres veces por semana.

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

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