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CAUSAS DE LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Por qué se produce la disfunción eréctil

Por qué se produce la disfunción eréctil

Existe disfunción eréctil cuando el hombre es incapaz de conseguir la suficiente rigidez del pene, que permita una penetración vaginal completa, que de lugar a un orgasmo con eyaculación en el fondo vaginal posterior, resultando una relación sexual satisfactoria.

¿Qué es?

Existe disfunción eréctil cuando el hombre es incapaz de conseguir la suficiente rigidez del pene, que permita una penetración vaginal completa, que de lugar a un orgasmo con eyaculación en el fondo vaginal posterior, resultando una relación sexual satisfactoria. Esta incapacidad se tiene que manifestar de forma persistente, para poder considerarlo como alteración. Actualmente se ha eliminado el término de impotencia, con el fin de quitar todo sentido peyorativo. El término de disfunción eréctil, se ciñe a la capacidad de erección del pene y no incluye alteraciones de deseo sexual, eyaculación u orgasmo.

¿A quien afecta?

Afecta en una proporción distinta, según los países, así en EE.UU. el 52% de los hombres entre 40 y 70 años tienen disfunción eréctil en algún grado, por el contrario en España sólo será del 17% para varones con edades comprendidas entre 40 y 70 años y del 12% para los que tienen entre 25 y 70 años. La edad es el factor de riesgo más importante para padecer disfunción eréctil de cualquier grado y a mas edad, mayor severidad del proceso. La disfunción eréctil puede ser un síntoma de otras enfermedades importantes, como la diabetes, hipertensión, ateroesclerosis, enfermedades hepáticas, etc. Otras veces es consecuencia de la toma crónica de fármacos, con acción hormonal, psicotropos o antihipertensivos. Tanto el abuso de alcohol como drogas (cocaína, heroína, etc.) se ha asociado a disfunción eréctil. El tabaco produce disfunción eréctil por daño vascular, pero también se ha asociado como factor de riesgo independiente a las enfermedades crónicas relacionadas con el consumo de tabaco.

¿Cuáles son sus causas?

En el acto sexual intervienen diversos factores físico y psíquicos. La alteración de uno de ellos o la confluencia de varios alterados, puede dar lugar a una disfunción eréctil de causa física, psíquica o mixta.

Las alteraciones más frecuentes son vasculares y especialmente la arteriosclerosis. En este grupo están las personas con colesterol alto, tabaquismo, diabéticos y personas con tensión arterial alta. También pueden padecer disfunción eréctil, por daño en la vascularización, las personas que han sufrido traumatismos en los huesos de la pelvis, o que han sido tratadas con radioterapia.

Las consultas de disfunción eréctil, con alteración neurológica como causa, son menos frecuentes. Pero se da en enfermedades del cerebro, como Parkinson, Alzheimer, trombosis y embolias cerebrales. También las alteraciones de la médula espinal, como la hernia de disco, fracturas de columna vertebral con daño medular. Las personas que han sido tratadas quirúrgicamente por cáncer de próstata, colon o recto, también pueden padecer disfunción eréctil.

Ente un 5 y 10% de las consultas de disfunción eréctil, pueden ser por causa de enfermedades hormonales o consecuencia de alguna alteración hormonal secundaria a la toma de algún medicamento. La toma crónica de algunos medicamentos puede llevar a la impotencia por distintos mecanismos. Anabolizantes, cortisona, medicamentos que inhiben la acidez gástrica, analgésicos opiáceos, antidepresivos, medicamentos contra la ansiedad o la psicosis, algunos de los medicamentos para la hipertensión arterial, algunos diuréticos, todos ellos tomados de forma mantenida pueden ser causa de disfunción eréctil.

Las personas con alteraciones afectivas padecen disfunción eréctil con gran frecuencia. El 90 % de los pacientes con depresión grave, padece alguna forma de disfunción eréctil. También pueden padecer disfunción eréctil personas con estrés profesional, problemas de entorno social y laboral, personas con ansiedad o psicosis.

¿Cómo se diagnostica?

Los varones que tengan alguno de los antecedentes antes citados, como factores de riesgo, deben, con naturalidad y sentido de oportunidad, hacer comentarios a su médico sobre la función eréctil. Existen cuestionarios específicos que con pocas preguntas pueden dar a conocer el grado de disfunción eréctil o si tal situación existe. Esto puede ser útil para personas con dificultad de expresión oral y como prueba de detección de la disfunción. Una vez que se conoce el problema, el médico realiza una historia clínica detallada encaminada a conocer el tiempo de evolución, forma de comienzo (brusca o lentamente), como evoluciona (progresivamente a peor o de forma intermitente), si tiene erecciones espontaneas, deseo sexual, características de la eyaculación, como son las relaciones con su cónyuge y cual es su actitud con respecto a la relación sexual. El médico indagará en la búsqueda de antecedentes relacionados con enfermedades crónicas, tratamientos, consumo de tóxicos, trastornos afectivos, intervenciones quirúrgicas y traumatismos. También conviene conocer la situación social y familiar. Después el médico realizará una exploración física y solicitará unos análisis encaminados a conocer la situación hormonal y los posibles desequilibrios de la función hepática, renal o pancreática. Con todo lo anterior el médico llegará a la causa más probable de la disfunción eréctil.

¿Cómo se trata?

Dado que la disfunción eréctil está desencadenada, en la mayoría de las ocasiones, por múltiples factores, el tratamiento debe atender a diferentes facetas. Deberá estar orientado según las expectativas y deseos del paciente, con la participación de su cónyuge en la discusión y elección del tratamiento. Existe una serie de actuaciones comunes a todo tipo de disfunción eréctil. Conviene orientar el estilo de vida en los casos de estrés y exceso de trabajo. Es importante encontrar tiempo para el descanso y para la relación de pareja. Conviene conocer que cuando existe el problema de disfunción eréctil, hay que afrontarlo con un poco de sentido del humor, lo que siempre facilitará algo las cosas. Conviene abandonar el hábito del tabaco y el alcohol. Procurar realizar ejercicio de forma regular. Intentar sustituir los medicamentos que interfieren en la función sexual, por otro que tenga menos implicación. Conviene que estén bien controladas las enfermedades asociadas a la disfunción eréctil. Aunque la mayoría de los pacientes se beneficiarán de un tratamiento sintomático, es decir, sin relación con la causa, en algunas ocasiones se recurre al tratamiento causal, como puede ser el tratamiento de un psicólogo especializado en sexología cuando la causa es psíquica, o el tratamiento quirúrgico de una lesión arterial de una paciente joven que ha sufrido un traumatismo. Como tratamiento sintomático se ha mostrado eficaz la administración oral de un comprimido que contienen citrato de sildenafilo, vardenafilo o tadalafilo. Estos medicamentos actúan, cuando existe estimulación sexual, aumentando el flujo sanguíneo del pene. Su mecanismo de actuación es sobre la cadena enzimática que facilita la relajación de los pequeños músculos lisos que regulan el flujo de sangre en el pene. Siempre se deben de administra bajo criterio médico, pues no están exentos de efectos adversos. Hay otros tratamientos que limitan la espontaneidad, por lo que son poco utilizados. Pueden ser útiles en algunos casos los dispositivos que provocan la erección realizando vacío sobre el pene. Otras veces es la aplicación de un anillo en la base del pene cuando existiendo erección inicial, es poco duradera, por fuga de sangre a través de las venas. Como tratamientos de segunda línea se utilizan medicamentos que el propio paciente se inyecta en los cuerpos del pene. Tienen algún efecto secundario que conviene evitar con un buen entrenamiento del paciente. Como tratamiento de tercera línea está la colocación de prótesis de pene. Es la última opción, por su agresividad. La tasa de satisfacción es alta, pero no está exenta de complicaciones, especialmente la infección de la prótesis, en las personas diabéticas.

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

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