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¿Y de la copla qué?

martes, 3 de octubre de 2017

¿Y de la copla qué?

Durante décadas, la copla fue la indiscutible reina musical para muchos españoles, que la convirtieron en su «himno emocional». Y es que cómo no dejarse seducir por aquellas hermosas melodías y esas bonitas letras llenas de poesía que hablaban de amores imposibles, desgarradores o desmedidos, de celos, de traiciones, de sentimientos a flor de piel y de pasiones ardientes.

Pero, por desgracia, la llegada de nuevos tiempos y, con ellos, de nuevos gustos musicales y de nuevas ideas, hicieron que la copla poco a poco, casi sin darnos cuenta, fuera desapareciendo de nuestra vida cotidiana. Fuera como fuese, la verdad es que, hasta que el declive de la copla empezó a producirse, quién no escuchó alguna vez a su abuela, a su madre o a la vecina del cuarto (las mujeres, sin duda, eran las más enamoradas de la copla) mientras cocinaban, lavaban la ropa o cosían (en las tareas domésticas, las mujeres también eran las «más enamoradas», pero no por voluntad propia) entonando algunas de aquellas inolvidables coplas que interpretaban grandes estrellas del género, como Pastora Imperio, una de las primeras en dignificar la copla, Imperio Argentina, Estrellita Castro, Juanita Reina, Marifé de Triana, Miguel de Molina, Concha Piquer (en la foto), Manolo Caracol, Antonio Molina, Lola Flores, Antoñita Moreno… y tantos otros artistas más.

Por eso, a muchos, ya fueran grandes, pequeños o medianos, les resultaba difícil no acabar familiarizándose con coplas tan hermosas como «Tatuaje», «La Niña de Fuego», «Camino verde», «Francisco Alegre», «La bien pagá», «La hija de Don Juan Alba», «La Zarzamora», «Lola Puñales», «María de la O», «Ojos verdes», «Rocío», «Suspiros de Españas», «Torre de Arena», «Y sin embargo te quiero», por solo citar unas cuantas, que continúan produciendo una emoción especial cada vez que se escuchan.

Por suerte, parece que el tiempo, aunque lentamente, ha ido rescatando del olvido a la copla y a desempolvar del armario las inolvidables canciones de Quintero, León y Quiroga, los tres grandes compositores de la copla, de Perelló y Ródenas o de los maestros Solana y Ochaíta. Y como el que no quiere la cosa, o en realidad como sí la querían muchos, empezó a brillar de nuevo en voces como las de Rocío Jurado o Isabel Pantoja, a seducir a artistas venidos de otros rincones musicales, como Serrat o Carlos Cano, y a ser de nuevo un género musical que hoy día «se llama copla», al que esta vez le deseamos larga y fructífera vida.

José Molina

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