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Los beneficios de una correcta hidratación

Los beneficios de una correcta hidratación

La deshidratación puede causar sensación de confusión y de fatiga, somnolencia y mayor riesgo de caídas, entre otros problemas. Los expertos recomiendan consumir aproximadamente 2-2,5 litros de líquido al día, proviniendo un 20-25% de los alimentos y un 75-80% de las bebidas.

La vinculación de la hidratación con la nutrición es hoy objeto de gran interés no solo por parte de los expertos, sino también de la población general, preocupada cada vez más por su salud ali­mentaria y por una relación nutricional más adecuada y correcta con su entorno.

Las interrelaciones biológicas que existen entre la hidratación y el metabolismo nutricional son el eje de numerosas investigaciones fisiológicas en éste área. La incidencia que un mayor conocimiento en este campo tiene en el desarrollo de programas preventivos y terapéuticos para la población en general y, muy especial mente, para grupos específicos de población –niños, deportistas, ancianos, etc.- justifica que cada vez se preste mayor interés al binomio hidratación-nutrición.

Los expertos recomiendan consumir aproximadamente 2-2,5 litros de líquido al día, proviniendo un 20-25% de los alimentos y un 75-80% de las bebidas, es decir, esta cantidad debe ser aportada a través de la dieta diaria. Además, recuerdan que también hay que tener en cuenta la pérdida de líquidos que produce la práctica de la actividad física, de si se es hombre o mujer o se pertenece a una población especial con mayor riesgo, así como de las condiciones ambientales, que pueden promover la pérdida de agua corporal.

En los adultos, el agua representa el 60% de su peso corporal, porcentaje que asciende al 75% en los recién nacidos y a más del 90% en el feto. Sin embargo, en las personas mayores disminuye al 50%. Según el Prof. Dr. Ángel Gil, Catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y Presidente de de la Fundación Iberoamericana de Nutricion (FINUT), “una de las principales diferencias con respecto al resto de nutrientes es la incapacidad de la homeostasis del agua para ‘depositarse’ en nuestro organismo, por lo que ha de mantenerse en una cantidad prácticamente constante, equilibrando sus pérdidas mediante su ingesta y la del resto de líquidos”.

En la actualidad, la población se halla mucho más sensibilizada a cuidar su alimentación e hidratación, especialmente si se realiza deporte, ejercicio físico o actividades laborales que requieren un importante gasto físico, “sin embargo, un adulto puede estar deshidratado incluso cuando cree estar ingiriendo suficiente líquido”, concluye el Prof. Dr. Gil.

En este sentido, la European Food Safety Authority (EFSA) ha publicado recientemente los valores de referencia sobre la ingesta adecuada de líquidos por grupos de edad, estableciendo que la ingesta diaria adecuada para niños de entre 4 y 8 años es de 1.600 ml/día, frente a los 1.900 ml/día recomendados para niños y 2.100 ml/día para niñas, de entre 9 y 13 años. En el caso de los adolescentes y adultos, establece una ingesta de 2 litros para las mujeres y 2,5 litros para los hombres, siendo esta recomendación similar para los ancianos, ya que en ellos se deteriora la capacidad para conservar el agua en el organismo, y se pierde la sensación de sed.

Según el Prof. Dr. Lluis Serra, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Presidente de la Fundación para la Investigación Nutricional (FIN)“las recomendaciones para una correcta hidratación incluyen tomar bebidas en las comida y entre las mismas; aumentar el consumo de verduras, frutas, y sopas; no confiar en la sensación de sed para beber; tener líquido siempre a mano; y mantener las bebidas a temperatura moderada”.

Asimismo, este experto señala que en las personas mayores, “la hidratación se convierte en una verdadera necesidad a la que hay que prestar especial atención. Con la edad, se producen cambios en la función renal, que se relacionan con los problemas de deshidratación y de termorregulación en las personas de edad, por lo que es necesario informar a las personas mayores sobre la necesidad de beber suficiente, incluso sin atender a la sed”.

La deshidratación puede causar sensación de confusión y de fatiga, somnolencia, mayor riesgo de caídas, infección del tracto urinario, formación de cálculos renales, problemas dentales, trastornos broncopulmonares, estreñimiento, dolores de cabeza y migrañas. Incluso, si la carencia es bastante elevada puede llevar al colapso y a la muerte.

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