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Aceptar el propio ciclo vital

Aceptar el propio ciclo vital

Para adaptarse a la vejez suele ser necesario asumir una serie de cambios que pueden representar pérdidas importantes respecto a lo que ha sido la vida en épocas anteriores, originados como consecuencia de la jubilación, muerte de personas queridas, disminución del poder adquisitivo...

Pérdidas que deben ser asumidas por el individuo como parte del ciclo vital y ante las que debe llevar a cabo importantes adaptaciones. Para favorecerlas conviene tener en cuenta que la adaptación a la vejez, como a cualquier otra situación vital, depende en buena parte del significado que tiene esta etapa para la persona que la vive y la sociedad en la que se encuentra.

La fuerte segregación por edades creada a partir de la industrialización ha contribuido a una imagen negativa de las personas de mayor edad, al dejar de reconocerles la sabiduría acumulada por su experiencia y al aislarlas en exceso de los individuos de menor edad, contribuyendo a que exista un prejuicio negativo hacia la vejez que, además de dificultar las relaciones con los demás, como sucede con cualquier prejuicio, se vuelve contra uno mismo cuando se llega a esta situación. Las personas mayores deben enfrentarse, por tanto, a una imagen social negativa y errónea que representa una de las principales dificultades psicológicas que deben superar.

Además, para conseguir una buena calidad de vida en esta edad, es preciso la integración de las experiencias vitales anteriores de forma que sea posible lograr una aceptación global del propio ciclo vital, con sus peculiaridades y limitaciones. Cuando dicha tarea no se resuelve adecuadamente, el individuo experimenta desesperación, al anticipar el final de su vida y reconocer que no dispone del tiempo necesario para llevar a cabo lo que no ha podido realizar.

Conviene tener en cuenta, también, que durante la vejez la mayoría de las personas suelen sentirse especialmente apegadas hacia los objetos y lugares que los han acompañado durante etapas anteriores de la vida. Mantener la relación con ellos es una forma de favorecer su sentido de continuidad y la integración de la propia trayectoria vital.

La historia que cada individuo se cuenta sobre su propia vida
El sentido de estabilidad y consistencia que se experimenta a lo largo del tiempo, necesario para sentir que se es la misma persona a pesar de los cambios que se atraviesan, se produce gracias a una continua narración que sobre la propia vida se va contando el individuo, una autobiografía en la que se va tratando de encontrar coherencia, de explicar por qué la vida ha sido así, buscando un comienzo y un final a los distintos acontecimientos que en ella se han producido.

El hecho de no poder mantener una narrativa personal coherente puede conducir a sentimientos de fragmentación y desintegración de la propia identidad y dificultar con ello el bienestar psicológico.

Cuando comienza a anticiparse el final de la vida, la construcción de una historia personal coherente e integrada adquiere una gran importancia, convirtiéndose en un requisito imprescindible para asumir la vejez.

Para realizar dicha tarea, la mayoría de los ancianos dedican una parte importante de su actividad a revisar lo que ha sido su vida. A veces, esta revisión se produce de forma improvisada y desordenada (las batallitas del abuelo), como una colección de actividades y anécdotas. Otras veces, la revisión de la propia vida puede intentar realizarse de forma elaborada y organizada, como una autobiografía literaria.

Conviene recordar que el hecho de contar con alguien que escuche los recuerdos sobre lo que se ha sido y los sueños que no se pudieron realizar puede ser de gran eficacia para favorecer la integración de la propia trayectoria vital y poder así asumir la vejez.

María José Díaz-Aguado. Catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense.

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