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El dolor crónico: una efermedad

El dolor crónico: una efermedad

Dos de cada tres personas de más de 65 años sufren dolores crónicos.

El dolor tiene remedio
Problemas de articulaciones o de huesos, secuelas de fracturas... Con la edad, aumentan las causas que provocan dolor. Sin embargo, el dolor no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.

No porque el dolor sea frecuente hay que resignarse a sufrir, ni porque se convierta en algo habitual hay que aceptarlo con fatalismo. Frente al dolor, conviene observar unas reglas sencillas:
- Hay que buscar siempre la causa de un dolor crónico.
- A cualquier edad, siempre hay remedios para eliminar el dolor o, al menos, para atenuarlo.
- Un dolor intenso no es forzosamente grave. A la inversa, un dolor soportable no debe infravalorarse: puede ser la señal de una enfermedad más seria.
- Cuanto mayor se es, más peligrosa es la automedicación.
- No hay que esperar a que el dolor sea muy intenso para tomar la medicación prescrita.
- Pensar demasiado en el dolor lo aviva. Y a la inversa, no prestarle demasiada atención es el medicamento más eficaz contra el dolor.
- No hay que confundir reposo con inactividad. El reposo alivia el dolor, la inactividad lo acrecienta.
- El dolor es una prueba solitaria. Hablar de él, sin quejarse, evita sumergirse aún más en la soledad.

El dolor crónico es una enfermedad
Un dolor agudo es una señal de alarma. Cuando alguien se quema, el dolor le avisa de la necesidad de alejar la mano de la fuente de calor. Sin embargo, un dolor crónico (el que persiste durante meses) no aporta una información útil. Se convierte en una enfermedad en sí mismo y, por tanto, hay que buscar su causa para tratarlo como tal.

No siempre es fácil. Incluso cuando tiene una causa física, con frecuencia el dolor crónico está agravado por otros factores, como la preocupación, un mal estado físico, el cansancio o la inactividad.

A veces, el dolor crónico es también un medio inconsciente de expresar un sufrimiento más íntimo. Puede ser, por ejemplo, el síntoma de una depresión enmascarada si es más fuerte por la mañana que por la tarde, o cuando «duele todo» sin razón aparente.

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