Los juegos tradicionales más famosos de los años 50

Los juegos tradicionales más famosos de los años 50

En estos tiempos donde el ocio está dominado por la tecnología, y los niños se divierten sentados gracias a sus teléfonos móviles o consolas, a algunas personas se les hace muy difícil imaginarse cómo jugábamos muchos de nosotros en nuestra infancia. Ajenos a todo tipo de tecnología, no necesitábamos más que una calle, un grupo de amigos y mucha imaginación para inventarnos unos juegos que no solo serían la forma de divertirnos nosotros, los niños de aquella época, sino también la de generaciones venideras. En este Queridos Recuerdos viajaremos al pasado para recordar algunos de esos juegos tradicionales que tanto nos hicieron divertirnos en nuestra infancia.

Escondite

Quién no ha jugado alguna vez al escondite. Comenzamos está lista con el que es probablemente el juego más popular entre los niños, ya no solo de la época, sino de la historia. Entre los niños participantes se sorteaba quién tenía que buscar a los demás; el malogrado jugador tenía que contar de espaldas, sobre una pared, tiempo que utilizaba sus adversarios para esconderse en los más remotos lugares. Tras terminar de contar el buscador tenía que gritar que había terminado y comenzar a descubrir a sus compañeros. El juego fue derivando de diferentes maneras según el lugar de procedencia; recuerdo que en mi ciudad solo con descubrir al adversario valía para que este dejará de jugar, pero en otras había que correr hasta la pared en la que se había contado y tocarla, hecho que daba una oportunidad al jugador descubierto, puesto que, si este corría más y tocaba la pared primero, quedaba salvado.

Saltar al burro

En los pueblos y ciudades de la España de la época este era un juego practicado principalmente por niños, aunque con el tiempo se comenzó a practicar por niños y niñas de todas las edades. En este juego uno de los participantes se colocaba haciendo de “burro”, agachado con las manos en las rodillas, mientras que sus compañeros iban saltando por encima de él con las piernas abiertas. El juego no tenía mucho misterio, pero era capaz de mantenernos a muchos de nosotros brincando durante tardes enteras, formando cadenas de saltadores con los que conseguíamos recorrer plazas y parques enteros. Como curiosidad, el juego tenía su parte de picaresca, ya que si eras muy habilidoso podías dar una patada en el trasero al burro a la vez que saltaban, lo que le daba cierto toque cómico al juego.

El pique

El pique era otro de esos juegos principalmente practicado por niños debido a la cierta brusquedad que conllevaba. El juego consistía en lanzar un palo de unos 40 centímetros con el objetivo de clavarlo en un bloque de barro; si conseguías clavarlo y a la vez quitar el de alguno de tus adversarios, eliminabas a tu contrincante y seguía el juego. El juego continuaba con el mismo modus operandi, hasta que sólo quedaba uno, que era el ganador. Como curiosidad, era uno de los juegos más odiados por todas las madres de la época, ya no solo por jugar con palos terminados en punta con los que podías sacarte un ojo, sino porque, al jugar en el suelo, cerca del barro, llegabas a casa repleto de él.

Las tabas

Quizás este sea el juego más rural que se encuentre en esta lista, y es que para su funcionamiento necesitábamos huesos de oveja; sí, habéis leído bien, huesos de oveja, más concretamente la taba, un hueso de la pierna de la oveja, parecido a la rótula humana, que tiene cuatro caras: hoyos, barriga, cara o lis. El juego consistía en tirar una canica o una piedra al aire, y en el tiempo en que esta tardaba en caer, colocar el hueso o los huesos en la cara que habías dicho previamente. Si no te daba tiempo a colocar todas las tabas mientras la canica estaba en el aire, perdías y pasaba el turno a otro. A veces este juego era traicionero, ya que, al estar tan centrado en colocar las caras, a veces no te acordabas de que la canica o la piedra estaba cayendo, llevándote un buen coscorrón.

Saltar a la goma

Por último, después de haber hablado de algunos juegos practicados principalmente por chicos, no podía faltar uno tradicionalmente de chicas, saltar a la goma, que no hay que confundir con saltar a la comba, un juego completamente diferente con el único parecido de que había que saltar. Este era un juego en el que se necesitaba de tres personas; dos de ellas enganchaban una goma por sus tobillos, mientras que la otra iba saltándola. Si la saltadora no se equivocaba la goma iba ascendiendo hasta el cuello, haciendo mucho más difícil saltarla. Al igual que el juego anterior, en ocasiones el juego era peligroso, ya que pensando que podías saltar la goma se tropezaba con ella, cayendo al suelo de una forma muy ridícula y dolorosa.

Javier del Valle Amaya

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