CÓMO CAMBIA

Relaciones padres-hijos adultos

Relaciones padres-hijos adultos

Somos padres de hijos adultos y, en muchas ocasiones, debido al aumento de la esperanza de vida, hijos de padres ancianos. Las relaciones entre los padres y sus hijos adultos no siempre son fáciles porque están dominadas por la ambivalencia, por la coexistencia de sentimientos encontrados que no siempre es fácil dominar.

Las relaciones con los hijos cambian a medida que crecen. Cuando son pequeños no quieren estar más que con su madre, todo son abrazos y besuqueos, quieren ir con ella a todas partes, ser su sombra...

Hacia los ocho años, los varones relegan a la mamá a un segundo plano a favor del padre; les apasiona «luchar» con él, ayudarle en la revisión o limpieza del coche, acompañarle al fútbol o a escalar montañas, «que no son cosas de mujeres». Poco después empiezan a rechazar la mano tanto de la una como del otro hasta para cruzar la calle y, cuando alcanzan la adolescencia, ya les molesta incluso que sus amigos los vean en nuestra compañía. Las largas conversaciones van escaseando, contarán solo algunos aspectos –generalmente, lo que queremos oír– de sus experiencias y acabarán por vernos como meros proveedores de servicios: comidas, dinero, comodidad, intendencia... Y, cuando abandonan el hogar, ya ni siquiera eso. Se han hecho adultos independientes y autónomos, aunque su preferida siga siendo nuestra paella de los domingos. Y la pregunta es: ¿dónde quedan, entonces, los padres?

Sentimientos encontrados

Un estudio de la investigadora estadounidense Debra Umbersonha llegado a la conclusión de que las relaciones entre padres e hijos adultos se caracterizan por la ambivalencia. Es decir, que en ellas se mezclan sentimientos positivos (amor, ayuda recíproca, valores compartidos, solidaridad...) y negativos (soledad, conflictos y problemas, dejadez, estrés,...). Estos últimos se dan con más frecuencia en periodos de transición, como el de la jubilación, cambios de trabajo o de domicilio, enfermedades, matrimonios o nacimientos de nuevos miembros de la familia.

Hay varios aspectos de las relaciones familiares en los que más se manifiesta esa confrontación de sentimientos. Uno de ellos es la ambivalencia entre autonomía y dependencia: tanto padres como hijos comparten el deseo de ayudarse y de apoyarse, de contribuir al bienestar del otro, pero al mismo tiempo quieren y necesitan mantener sus cuotas de libertad. En las familias muy solidarias, que viven juntas o muy cerca, son frecuentes los conflictos, la insatisfacción por el tipo de relación y el anhelo de independencia. Y luego están las distintas expectativas que se hace cada una de las generaciones implicadas, lo que espera una de la otra, sobre todo cuando alguno de sus miembros –abuelos mayores, pero también nietos pequeños– necesita cuidados o atención.

Mismos valores: menos tensión

Los padres e hijos adultos que comparten criterios sobre cómo y en qué gastar su dinero, sobre la forma de educar a los niños, que tienen las mismas creencias religiosas o similares puntos de vista sobre problemas sociales o políticos, suelen tener unas relaciones menos conflictivas. Sin embargo, a lo largo de los diferentes estadios de desarrollo personal pueden aflorar las tensiones. Los padres tienen que enfrentarse al proceso de envejecimiento, a problemas de salud, a la jubilación, y los hijos deben comprender que sus progenitores ya no podrán hacer tanto por ellos como hicieron antes y que, por el contrario, empiezan a necesitar su ayuda. Pero otro tanto puede ocurrir a la inversa, en situaciones en que los hijos adultos están inmersos en su carrera profesional, adquieren más responsabilidades en sus trabajos y, además, tienen que hacerlas compatibles con la crianza y educación de sus hijos. Probablemente no les quedará demasiado tiempo para sus padres, quienes no es raro que se dejen abatir por la sensación de abandono.

Expectativas y logros

Otras veces, las relaciones conflictivas afloran por la diferencia entre las expectativas que los padres tenían para sus hijos y los logros de éstos. Sin embargo, en ocasiones, aunque el hijo se haya convertido en el prestigioso neurocirujano que su padre siempre quiso que fuera, las relaciones entre ellos pueden adolecer del cariño, el respeto, la comunicación abierta y la lealtad esperada. No faltan, tampoco, los casos en que son los hijos a quienes invade el sentimiento de frustración porque consideran que sus padres no los ayudan lo suficiente, ya sea económicamente o en la crianza de sus propios niños, o, por el contrario, porque entienden que los abuelos interfieren en exceso en su propia vida familiar.

Paz Hernández.

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Comentarios (8)

Grenchy Díaz
07 mayo 2020 16:48
Una realidad muy triste .... pero alégrense dice Dios es su palabra que seremos consoladas y yo le agregaría ....que somos amadas por el .... mis hijos también son así ... y aunque me duela trato de mantenerme hoy ocupada buscando tareas que me mantengan independiente y sin molestarlos lo menos posible ...para mis próximos días de vulnerabilidad porque envejecemos cada día confiare en la manos de Dios ... ellos ya tienen sus propias vidas y volaron de su nido así que ánimo mujeres qué hay mucho todavía por hacer pongas sus mentes y sus manos a trabajar y se sorprenderán de las cosas Productivas y maravillosas que son capaces de hacer....
connie
02 mayo 2020 18:41
Hola a todas, creo que es muy bueno compartir nuestras experiencias como madre. Estoy segura que, la mayoria de ustedes, habran pensado mas de alguna vez; que hize mal? Yo me lo he preguntado, tengo 3 hijos 2 varones y una mujer, los 3 son Profesionales Universitarios, y a los 3 les caigo mal. Son incapaces de tener conmigo una charla amistosa, se comportan conmigo como si yo fuera una persona fastidiosa, especialmente los varones, se comportan como si yo fuera una persona cuyas opiniones y criterios a ellos no les interesa. No muestran ningun interes en escuhar nada de lo que yo pueda opinar, sobre nada, pues segun ellos, yo estoy compltamente equivocada en todo.l Gracias a Dios, vivo independiente de ellos, soy jubilada y NO dependo economicamente de ellos. Ante esta actitud, simplemente, yo guaardo mi distancia. Si me invitan a su casa, voy, si no, me mantengo guardando la distancia. No quiero estar, donde no se me invita.Marisa, creo que es buena idea, eso de fomar un grupo. El telefono que pone en su mensaje 6294 555 26, no conozco como accesarlo desde mi pais Panama. le envio el mio ,6796 3792, es Celular. Espero me contacte..
Dios sabe que hicimos lo mejor que pudimos como mama, eso debe de ser suficiente para todas nosotras. Importarnos nada mas, nuestra conciencia y lo que Dios sabe.
Saludos a todas. . .
Mari
26 marzo 2020 00:47
Mi caso es muy parecido al de tantos padres y madres. Los padres ni los hijos no somos perfectos. Vivimos por desgracia en una sociedad consumista, hemos intentado ayudar a nuestros hijos para que tuviesen una vida mejor. Me gustaría desde aquí hacer un llamamiento a padres/ madres que no tienen por desgracia relación con sus hij@s y hacer una asociación o similar, reuniones para quedar y hablar, es bueno hablar con personas para desahogarse con los mismos problemas que nos toca la indiferencia de los hijos a los padres. Cuando pase todo esto de la pandemia del coronavirus sería excelente. Mi móvil es: 629455526
Me llamo Marisa
Sylvia
06 febrero 2020 17:03
Mi hijo está muy harto de mi, en una conversación trivial en la que yo apoyaba a su hermana , me dijo que lo que yo debía hacer es morirme y cuanto antes mejor , él vive su vida , su mujer y su pequeño hijo, hace casi tres años que prácticamente no he vuelto a saber nada de él y tantas veces lo he llamado me cuelga , vive a 100 mts de casa
Maria
02 junio 2019 23:53
Mis 2 hijos se han ido , así sin más . Comunicación prácticamente nada . Yo sola, 60 años sin recursos y muy muy enferma . Mi hija mujer es muy joven aún y no tiene nada de rumbo ,pocas veces ,cuando viene, termina con burlas.
Maria
06 enero 2019 05:09
Mi hijo mas chico se marchó a Europa hace 19 años. Yo fui 2 veces a verlo, pero el nunca regresó por su flia. Nuestra comunicación es bastante fluida pero no es buena. Siento que busco agradarle y dejarlo contento como cuando era niño. Y en ocasiones se burla de lo que digo.
He intentado ir, pero no siento que quiera verme ni se interesa por la flia. Me pone muy triste de ver como se aleja y no sé que actitud tomar
Gracias
Margarita
21 enero 2017 16:13
Reflejaste en este escrito fielmente lo que sucede entre mi única hija y nosotros sus padres. Tristemente cada día se hace mas profundo el alejamiento y la distancia física y emocional. Ella vive en otro país, pero hasta hace poco estábamos muy unidos. Esta casada y tiene dos niños.
MARIAN
02 octubre 2016 17:07
Mi unica hija de 44 años, yo tengo 61, ha renegado de mi, y esta causando enormes problemas en las relaciones con mi nieta. No me da razones , ni motivos. En un WA, me dijo que no querís ser hija mía de so 15 meses y hasta hoy

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