Plusesmas.com

¿Qué es la Obesidad?

¿Qué es la Obesidad?

La obesidad es una enfermedad crónica, que se caracteriza por un exceso de grasa, que a su vez se traduce en un aumento de peso

¿Qué es?

La obesidad es una enfermedad crónica, que se caracteriza por un exceso de grasa, que a su vez se traduce en un aumento de peso. Aunque en general existe una buena relación entre el aumento de peso y la obesidad, en algunas situaciones, como es el caso de atletas con gran desarrollo muscular, puede observarse exceso de peso sin que exista propiamente obesidad, ya que el compartimento graso del organismo no se encuentra aumentado. Similares consideraciones cabe realizar en personas con grandes retenciones hídricas que causan aumento de peso sin que exista un acúmulo anormal del tejido adiposo. La obesidad es el trastorno metabólico más frecuente de las sociedades desarrolladas.

¿Cuáles son sus causas?

El acúmulo de tejido graso se produce como consecuencia de un desequilibrio de la ecuación de balance energético, según la cual el ingreso de energía en forma de calorías equivale al gasto representado por metabolismo basal (el consumo de calorías del organismo en condiciones de reposo), termogénesis (producción de calor) y consumo calórico derivado de la actividad física. Cuando se produce un aumento del ingreso (alimentación) o una disminución del gasto energético, el ahorro energético resultante se acumula en forma de tejido adiposo. En la gran mayoría de casos la obesidad se produce por un aumento de la ingesta calórica, con frecuencia asociada a una actividad sedentaria. Actuando conjuntamente con los factores ambientales, la predisposición genética posee una importancia clave en muchos casos. Los tratamientos psicotropos, como algunos antidepresivos o tranquilizantes, y los hormonales, especialmente los compuestos estrogénicos, pueden favorecer el aumento de peso. Es frecuente que circunstancias que induzcan ansiedad se acompañen de aumento de actitud compulsiva alimentaria que favorece el sobrepeso. El abandono del hábito tabáquico cursa con aumento de peso con frecuencia, aunque este fenómeno no es necesariamente inevitable. Excepcionalmente puede deberse a causas hormonales como el hipotiroidismo o el síndrome de Cushing o a enfermedades neurológicas o hereditarias que alteran el centro del hambre y la saciedad, que se localizan en el hipotálamo.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas que produce la obesidad se derivan del propio aumento del peso corporal y de las consecuencias y complicaciones a que puede dar lugar. El cansancio y la dificultad para el desarrollo de tareas cotidianas son limitaciones frecuentes inducidas por la obesidad. Además, puede dar lugar a complicaciones metabólicas como la diabetes mellitus, aumento de triglicéridos, colesterol y ácido úrico, lo que favorece las crisis de gota. También disminuye la tolerancia al esfuerzo, promociona la aparición de hipertensión arterial y supone un factor de riesgo vascular para el desarrollo de insuficiencia coronaria y de accidentes vasculares cerebrales. Cuando el exceso de peso es muy importante puede ser responsable de que se origine un síndrome de apnea del sueño, que consiste en detenciones de la respiración durante el sueño y que reduce el nivel de oxígeno de la sangre, con el consiguiente sufrimiento de los tejidos del organismo. Las complicaciones articulares, especialmente en caderas y rodillas, limitan la actividad física. Todas las complicaciones son responsables de la reducción en la expectativa de vida que acompaña a la obesidad. Los obesos presentan con mayor frecuencia litiasis biliar, esteatosis hepática y hernia de hiato.

¿Quién puede padecerla?

El sobrepeso afecta al 19,3% de la población. Es más habitual en el sexo femenino, en el que existe mayor riesgo en el periodo postparto y en la etapa postmenopaúsica. Hay colectivos raciales en los que la frecuencia es superior a la de otras poblaciones. Existe un componente genético que se hace especialmente manifiesto en los estudios realizados en gemelos. No obstante, las influencias externas, entre las que destacan los hábitos alimentarios y de actividad física, juegan también un papel esencial. Por todo ello, tanto el componente genético como el ambiental juegan un papel significativo en el desarrollo de la obesidad. La obesidad puede manifestarse en cualquier etapa de la vida. La prevalencia aumenta progresivamente con la edad. Es frecuente que los adolescentes que son obesos mantengan esta condición en la edad adulta. A menor nivel socioeconómico y cultural, la prevalencia de la obesidad es superior. Esta prevalencia es mayor en las pequeñas poblaciones y en el entorno rural que en las grandes ciudades.

¿Cómo se diagnostica?

La forma más práctica de conocer si existe obesidad es calcular el índice de masa corporal que se halla dividiendo el peso en kg por la talla en metros elevada al cuadrado. De modo que si una persona pesa 80 kg y mide 1,70 m, su índice de masa corporal será de 27,6 kg/ m2. Cuando el índice de masa corporal se encuentra entre 25 y 29,9 kg/m2 la condición se denomina sobrepeso. Si el valor es superior a 30 se puede decir que existe obesidad. En caso de que el índice se encuentre entre 30 y 34,9 se le llama obesidad grado I, entre 35 y 39,9 es obesidad grado II y superior a 40, obesidad grado III. Existen otros métodos más sofisticados para estimar la masa grasa, lo que permite establecer con mayor precisión la existencia de obesidad. Entre ellos se encuentran la estimación de pliegues adiposos, la impedancia bioeléctrica, pletismografía de desplazamiento de aire y la absorciometría fotónica. Con el cálculo de la circunferencia de la cintura podemos establecer la obesidad de mayor riesgo, ya que los datos referidos a la circunferencia de la cintura de la población española permiten estimar parámetros de riesgo  a partir de 95 cm en varones y 82 cm en mujeres, y riesgo muy elevado a partir de 102 cm en varones y 90 cm en mujeres. Para establecer las características de la obesidad es necesario proceder al estudio de sus posibles complicaciones.

¿Cuál es el tratamiento?

El establecimiento de un balance calórico negativo es el objetivo fundamental del tratamiento de la obesidad. Cuando se trata de sobrepeso o de una obesidad grado I no complicada, el tratamiento se basa en la adopción de un plan dietético hipocalórico equilibrado, combinado con la realización habitual de ejercicio físico y la aplicación de un plan de educación nutricional. Si la obesidad se caracteriza por un índice de masa corporal superior a 35 ó 40 y se asocia con complicaciones, puede ser necesaria la instauración transitoria de una dieta de muy bajo contenido calórico con estrecha vigilancia médica. El soporte psicológico es básico en el tratamiento de la obesidad; Las visitas, al principio, deben efectuarse con una frecuencia de aproximadamente 15 días, para posteriormente ir espaciándolas en función de la evolución clínica. El resultado final de un tratamiento sólo será exitoso si se consigue modificar la conducta alimentaria. Hoy en día existen pocos fármacos que pueden ayudar en la consecución de los objetivos planteados. Entre ellos destaca el orlistat, cuyo efecto de basa en el bloqueo de la absorción del 30 por ciento de la grasa que se ingiere. La sibutramina, que estimula la saciedad y el consumo energético ha sido retirada recientemente en el territorio europeo, aunque se mantiene en otras partes del mundo. La administración de diuréticos sólo se puede indicar si existe un motivo aparte de la obesidad para su uso. El tratamiento con hormona tiroidea únicamente está indicado en casos de hipotiroidismo. En casos de obesidad con índice de masa corporal superior a 40 o a 35 con complicaciones asociadas y que hayan presentado con anterioridad fracasos repetidos, puede plantearse, si no existe contraindicación, la aplicación de cirugía sobre el tubo digestivo encaminada a favorecer la saciedad y/o a disminuir la absorción de alimentos (cirugía bariátrica). Se consigue una disminución de peso bien mediante la reducción del volumen del estómago o con técnicas de derivación gastrointestinal que reducen la absorción de los alimentos.

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

Relacionados

  • Mantén tu peso: cinco ideas que se deben cuestionar

    Mantén tu peso: cinco ideas que se deben cuestionar

    La publicidad, el boca a boca... han llenado de tópicos las fórmulas para mantener el peso y mejorar nuestra nutrición. ¿Cuáles son reales?

  • Grasas buenas, grasas malas: aprende a distinguirlas

    Grasas buenas, grasas malas: aprende a distinguirlas

    ¿Comer sin nada de grasa? ¿Por qué? Para mantener el colesterol a raya y asegurarnos del buen estado del corazón y las arterias basta con saber qué grasas son buenas para nuestra salud y cuáles entrañan peligro.

  • Micronutrientes: un poco es mucho

    Micronutrientes: un poco es mucho

    Haz un favor a tu cuerpo: asegúrate de consumir micronutrientes esenciales para la salud. Para ello, te conviene saber qué alimentos los contienen y cómo puedes incorporarlos a tu dieta.

  • Una dieta para prevenir el infarto

    Una dieta para prevenir el infarto

    Lo que comes puede ayudarte a prevenir, e incluso revertir, algunas formas de enfermedad cardiovascular y, de ese modo, evitar el infarto de miocardio. Toma buena nota.

  • Alimentos que previenen el ictus

    Alimentos que previenen el ictus

    Contienen antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales capaces de prevenir la cascada de procesos que conducen al deterioro cardiovascular y, finalmente, a los ataques cerebrales.

Comentarios (0)

* *

*

Para no perderte nada
de la actualidad de Plusesmás

Salud, jubilación, memoria, propuestas de ocio,
concursos... ¡y mucho más!

Suscríbete para recibir nuestras newsletters:

Gratis y sin compromiso