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Sordera: una limitación

Sordera: una limitación

La sordera es un obstáculo que aísla socialmente.

Se sienten aislados, cansados del esfuerzo de leer los labios o de los comentarios burlones cada vez que piden que se les repita las frases… Y aparece la desconfianza…

Si no se le pone remedio rápidamente, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente. El mundo deja de tener interés, no se oye a los pájaros, ni se perciben otros sonidos de la vida cotidiana. Cansados de repetir, los interlocutores sólo se dirigen a un sordo cuando no tienen más remedio. Y éste, apurado por las molestias e incómodo por las bromas o burlas que puedan producirse, deja de pedir que le repitan las frases. También se aísla porque se cansa de leer los labios. Al final, se niega a salir porque, en la calle, en medio del bullicio, se siente aún más aislado, y los espectáculos leagotan porque debe mantenerse en alerta constante. Así, acaba por vivir en su propio mundo, calla y se repliega. En ocasiones, por el contrario, se convierte en un charlatán que habla sin parar y que acaba irritando a quienes le rodean. O, lo que resulta más grave aún: si no se toman medidas a tiempo (uso de un audífono) puede que quede alterado el propio mecanismo de comprensión de los sonidos, con lo que la amplificación de los mismos con un aparato no tendrá efectos satisfactorios.

Debido a su imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas («hablan mal de mí», «me insultan»...) que pueden derivar en el desarrollo de personalidades débiles, en delirios y otros problemas graves.

Los audífonos
Los audífonos deben ser recetados por un otorrinolaringólogo y comprados en tiendas especializadas en audioprótesis. Deben estar adaptados a cada nivel de audición, y seguir, durante su vida útil (unos cinco años) el control del especialista. Antes de adquirirlos, es imprescindible un periodo de prueba.

Existe en el mercado español una gama muy amplia de modelos de audífonos. Los hay tan pequeños que, introducidos en el conducto del oído, resultan casi invisibles; otros se colocan en la oreja o detrás de ella. Todos disponen de un micrófono y amplifican el sonido, pero los distintos sistemas que utilizan para procesar la señal hacen que se dividan en dos grandes familias: analógicos y digitales.

Los precios de estos aparatos son tan variados como la tecnología que incorporan. Los más baratos (entre 400 y 700 euros) son los retroauriculares analógicos típicos de ampliación lineal; en el tramo medio (750-1300 euros) se encuentran los analógicos lineales que se introducen en el conducto auditivo, y los digitales de gama baja, y en el tramo alto, los digitales, cuyos precios oscilan entre los 1800 y los 2150 euros. Si se desea que los modelos de los dos primeros grupos dispongan de control programado de la señal analógica, los precios aumentan.

Los audífonos han mejorado mucho de calidad en los últimos años, de tal forma que, en la actualidad, pueden programarse para responder de manera automática a cambios muy pequeños de sonido.

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