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¿Es importante transmitir los recuerdos?

¿Es importante transmitir los recuerdos?

«Venga, abuela, cuéntanos cosas de cuando tú eras pequeña», nos pide una vocecilla que, a veces, no es más que el eco de nuestros propios deseos de revivir la propia historia. Recibir y transmitir: son las palabras que enlazan a las sucesivas generaciones.

«La memoria del joven es rápida, pero la de viejo conoce el camino», dice un proverbio africano. Transmitir es marcar las piedras del camino, preparar a los que vienen detrás para afrontar las dificultades de la vida. Y eso no es importante: ¡es fundamental! En primer lugar, para quien transmite, porque contar su vida supone reconocer su valor, tratar de darle un sentido. Hay numerosas razones para querer hacerlo: rememorar el pasado, conocerse mejor a uno mismo... Y, sobre todo, disfrutar, porque contar los recuerdos es, ante todo, un gran placer.

Además, es una tarea muy útil: transmitir los hechos vividos implica traer recuerdos a la memoria, seleccionarlos y formularlos, lo que permite hacer una relectura de la propia vida, clasificar los recuerdos y, a veces, hasta deshacerse de los que estorban.

La transmisión también es útil para el que la recibe porque, gracias a ella, podrá encontrar su lugar en la línea familiar y conocer sus raíces, lo que le otorgará un sentimiento de pertenencia. Contar es hablar, obligadamente, de los padres, los abuelos, los hijos... Esto, en el caso de los niños, significa pintar un cuadro en el que, como mínimo, se representa a cuatro generaciones. Y al hacerlo, se da vida y un lugar propio a cada imagen y a cada nombre.

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