¿Cómo se transmiten nuestros recuerdos por escrito?

¿Cómo se transmiten nuestros recuerdos por escrito?

«Venga, abuela, cuéntanos cosas de cuando tú eras pequeña», nos pide una vocecilla que, a veces, no es más que el eco de nuestros propios deseos de revivir la propia historia: volver a encontrarnos con el niño que fuimos para tomar mejor de la mano al que nos pregunta y ayudarle a construir su futuro. Recibir y transmitir: son las palabras que enlazan a las sucesivas generaciones.

En este caso, también hay diversas formas, sin necesidad de llegar a la autobiografía. Se pueden legar, por ejemplo, cuadernos con recetas de cocina, que tienen el interés, además, de estar manuscritos. El texto manuscrito es más conmovedor que el mecanografiado, aunque sea más difícil de leer. Tiene, además, la impronta, la huella, única, de quien lo ha escrito. Como la voz, establece una relación más personal. Y, por otra parte, ¡un cuaderno de recetas es realmente una invitación a la creación para quien lo recibe!

También se puede reconstruir una historia a partir de correspondencia. Es el caso, por ejemplo, de una joven que, tras la guerra, estuvo hospitalizada varios meses. Durante los dos años siguientes, se carteó con varios miembros de su familia. Mucho tiempo después, cuando se jubiló, decidió clasificar toda esa correspondencia y la mecanografió. El resultado es un documento sobre cómo se trataba la tuberculosis en los años posteriores a la guerra, pero también es una forma de dar vida a los diferentes miembros de la familia, con sus preocupaciones, sus formas de ser y sus propias expresiones. Este tipo de documento se lee como una novela. Solo hay que tener en cuenta, como en el caso de los álbumes de fotos, que hay que incluir notas para precisar quiénes son la «tía Adela» o el «primo Julio».

Relacionados

Comentarios