Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

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Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Da igual lo que digan los políticos pero ojo a lo qué hacen

lunes, 25 de julio de 2016

En su libro el Eros electrónico, editado por Taurus en el año 2000, Román Gubern escribió: «...muchas veces la gente no dice lo que piensa, pero, sin embargo, suele hacer lo que siente... » (pág. 101)Han pasado los años y esa línea sigue ilustrando realidades del presente, para ella no pasa el tiempo. Las palabras frente a los hechos, «no me lo explique, hágalo» que diría Ida M. Cannon.

Estos meses de limbo político en los que hasta se han repetido elecciones y menos que nunca se puede decir que del agua de las terceras elecciones no se beberá, sobran por doquier clases magistrales de hipocresía, manipulación, mentiras, tergiversaciones de hechos. Se ha revelado de nuevo que el poder acaba seduciendo al más pintado y el más escrupuloso se relaja. Por noticias que van apareciendo en prensa, parece que la escrupulosidad mostrada en los inicios, poco tiene que ver con la ética. Quien tiene poder, lo quiere mantener y quien no lo tiene lo persigue a gritos unas veces, al borde de las lágrimas otras. Y en medio las personas de a pie, hartas de tanto postureo, están atentas a que no les roben la cartera. Sorprenden, no obstante, los ademanes y desmanes de politiqueo, mostrados sin ningún pudor. Este es el poder de los hechos consumados. 

En sus declaraciones, cuentos y cuentos, que suenan bien, algunos más que otros, pero todos son lugares comunes convenidos de hace años por las sociedades del siglo XXI. En sus panegíricos, sobran buenas intenciones, pero en sus obras, esas por las que les vamos conociendo, se pone de manifiesto una personalidad rígida y la rigidez en política provoca grietas. No importa que ayer fulanito, a la hora del patio, subiera a la copa de un pino para tirar piñas a la cabeza de zutanito mientras estaba hablando con menganito. Ayer era ayer y hoy es otro día. Si las circunstancias lo requieren, fulanito y zutanito se sentarán a partir piñones a espaldas de menganito.

El espectáculo diario, es una lástima que sea así, está asegurado. Cada día incluye su ración de teatrillo político que tertulianos, y moderadores, aprovechan con más o menos ahínco según su ideología y preferencias que, a veces, ni se molestan en disimular. Así, cuando los propios reproducen las fechorías de los ajenos, siempre hay una justificación que atenúa la fechoría. Pero cuando son los otros, hay que zarandearlos hasta que les caiga el último pelo. Los nuevos protagonistas de la política, esperanzas rotas para muchas personas, siguen mirando su ombligo que confunden con el centro del mundo.  Retuercen los hechos, les dan la forma que interesa. Les importa un bledo contestar preguntas de los periodistas, de los que lo son de verdad, y aprovechan sus minutos de exposición gratuita, para colocar su relleno. Estos meses se ha visto que el relleno es el mismo, no importa lo que pase, siempre acaban colocando el mismo relleno. 

El aburrimiento puede con el enamoramiento. Ellos y ellas, los que hoy centran la atención mediática deberían desfrutar del presente, de la beca parlamentaria mientras seguimos sin gobierno. Uno desconoce qué haría en ciertas circunstancias y solo ante ellas no puede estar seguro de sus actos. Quizás en su lugar haríamos lo mismo. Por suerte el ridículo ajeno es un poderoso maestro de vida. Los hechos son grandes enemigos de las falacias que tienen las patitas cortas, como la mentira. Por favor, acaben con esa fritura. Crezcan políticamente.   

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