Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

De las tormentas de ideas, a las tormentas de preocupaciones

viernes, 29 de septiembre de 2017

Hace poco tomando un café en una terraza de bar de Barcelona, mientras hacía tiempo, escuché a dos señoras conversar sobre el desarrollo de los acontecimientos en Catalunya. Primero la conversación giró sobre el ataque terrorista pero enseguida pasó al tema estrella estos días: el referéndum, legal o ilegal, según la voz y el color del cristal con que se mire. Por el desarrollo de la conversación era incapaz de descifrar su posición. Cuando estoy sola en espacios con gente alrededor, suelo dejarme atrapar por sus conversaciones ajenas. Son momentos ciertos, algo que está ocurriendo de verdad, no son apaños, ni un tráiler de película para manipular. Me declaro curiosa de las escenas callejeras sobre todo cuando los contenidos se nutren de la espontaneidad de quienes se saben libres y sin ataduras.

Para ellas el «referéndum» era claramente ilegal porque no cumplía con las garantías mínimas que se esperan en un acto de esta trascendencia, al menos en la Europa democrática de la cual formamos parte, esa Europa que se ha construido sobre unos principios y valores. Sacaron a relucir las escenas en el Parlament que, a primeros de setiembre, todo el mundo pudo ver y, una mayoría, salvo quienes las forjaron, sintió pena y vergüenza, incluso cierta incredulidad. La conversación siguió con las detenciones de altos cargos y el destrozo de coches de la Guardia Civil, hecho que también avergonzó a muchos. Una de ellas zanjo «Que hagan lo que quieran y nos dejen a la gente tranquila que ya pasamos lo nuestro de pequeñas. Éstos lo han tenido todo y se piensan que se construye a la misma velocidad que se destruye». La otra asentía con la cabeza y la conversación se debatía entre argumentos para permitir el referéndum» y, para impedirlo.

El intercambio de razones y reflexiones se fue dando pausadamente entre sorbo y sorbo de sus bebidas sin alcohol, entre silencio y silencio, hasta que llegó una tercera que se excusó acaloradamente por llegar tarde: «me sabe mal llegar tarde, sabéis que casi siempre soy la primera, pero unos energúmenos han cortado la calle y he tenido que dar una vuelta de mil demonios. He estado a punto cancelar el encuentro». La más joven de las que estaban antes le espetó sin tomarse un segundo: «Oye no te quejes, son de los tuyos, ¿no era lo que querías? Pues ve acostumbrándote. Y espera... esto es solo el principio, estáis liberando a Pandora».

A partir de este momento la calma desapareció, la educación se dejó a un lado y los reproches personales se empezaron a mezclar con los reproches a los políticos que ellas clasificaban entre «los tuyos», «los míos», «los de ésta». Aquella conversación inicial en la que primaban los argumentos, las reflexiones sin más pretensión que la de conversar, se había visto suplantada por una discusión que aumentaba el tono agrio y la contundencia de las palabras que salían de sus bocas como dardos buscando la diana.

Las tres señoras rondaban los ochenta años. Se las veía activas, puestas en el mundo. Pensé que la escena era un regalo de realidad, aquello que se da de repente. Pero llegaba mediatizada por las actitudes, acciones, mensajes de los políticos en este caso, quienes ensimismados olvidan su influencia en el vivir diario. Así, un plácido aperitivo de media mañana se vio salpicado por el esperpento político que no da tregua. Hay que leer a Plutarco, sin duda. Él ya habló de este presente y de los que vendrán, no como futurólogo, como gran conocedor de la especie humana.

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