Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

El dolor de las personas y la impotencia de los profesionales en la pandemia COVID-19

martes, 28 de abril de 2020

Son días de dolor,mucho dolor, también de impotencia; una impotencia desconocida hasta hoy. A diario vemos las caras del padecer y la imposibilidad en quienes cuidan y en quienes son cuidados. Vivimos alegrías y recuperaciones, pero el pesar alimenta la sensación de opresión interna. 

En el sistema sanitario muchos profesionales de la medicina, de la enfermería, del trabajo social sanitario, de la psicología...se encuentran ejerciendo con la conciencia de estar ante la absoluta desprotección. La vocación, en la mayoría, es su motor para seguir cuidando, atendiendo. No han dudado en protegerse con bolsas de basura. Impensable. Abrumados y agotados repiten: «Nunca había visto nada igual», «Es la impotencia absoluta», «Es medicina de guerra». Descansen en paz los fallecidos, nadie lo esperábamos.

Luego están las residencias de mayores, también miles de personas fallecidasy cómo sabemos de qué manera han muerto, nos hemos quedado en carne viva. ¿Estamos inhabilitados para hablar de calidad de servicios? Hoy en día sí. Mientras no seamos capaces de deshacer este modelo que se ha demostrado ineficaz ante la gran adversidad. Somos una generación de profesionales que no podrá olvidar lo ocurrido. No debe. Es más,debe erigirse como responsable de recordarlo cada vez que sea necesario. Seguramente, en adelante, cuando nuevas generaciones de políticos, llenos de ambición, vacíos de experiencia, cuando nuevas corporaciones ávidas del negocio de las residencias pretendan aquilatar de nuevo el mismo modelo y lo trufen de buenas intenciones, habrá que hacer memoria de lo ocurrido. Tendremos que ir recordándolo para impedir que se repita. La atención sociosanitaria, tal como fue pensada y diseñada, hoy desecha por discursos ideológicos, habría sido un mejor modelo para afrontar la COVID-19.

La tormenta perfecta ha desnudado los eslóganes y el márquetin político de las, se supone, buenas intenciones. Ha mostrado las incompetencias que ni siquiera el maquillaje mediático y de las redes sociales logra disimular. No necesitamos a políticos ni sus técnicos de confianza que nos relaten los problemas que están a la vista de todos. Necesitamos ver cómo buscan soluciones, cómo toman decisiones que no supongan un infierno de burocracia. La ineptitud refuerza la burocracia que se convierte en barrera. No minimizo la magnitud del descalabro, el reto que supone afrontarlo, pero sí reclamo la solución de los problemas que se pueden solucionar.

La cotidianeidad ha sacado sus garras. Ha desenmascarado contradicciones ilustradas. Lo que estamos viviendo,ha abierto en canal a unas sociedades envanecidas que nadaban en la abundancia de discursos que ahora se han revelado de cartón piedra. Lo ocurrido no puede reducirse a números ni estadísticas, si bien los necesitamos son parte de otro patio. Si lo que ocurre lo reducimos a estadísticas acabamos valorando como una buena noticia el que las personas fallecidas en un día sean 300 en vez de 700. Esto no puede calificarse de buena noticia. No lo es. Si hablamos de ello como una buena noticia, estamos pervirtiendo el lenguaje y la misma realidad.Las estadísticas son instrumentos para comprender y actuar en lo meso y en lo macro, pero forman parte de una dimensión de estudio que hoy, como ciudadanos, poco interesa. Todo lo que afecta a una persona es importante, por ello, ahora necesitamos políticos que vean a las personas, no a las pirámides de edad.

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