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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

El trabajo social sanitario, la gestión de casos y la gestión de listas de espera

domingo, 31 de marzo de 2019

En el sistema sanitario, también en el de servicios sociales, los baremos y las escalas de valoración están adquiriendo relevancia frente a la responsabilidad de ordenar las listas de espera para ayudas sociales. Pero una cosa es ordenar la lista de espera y otra es gestionarla. Las listas de espera primero se ordenan, pero sobre todo se deben gestionar para evitar que personas viviendo situaciones graves queden, valga la redundancia, en lista de espera, días, por no decir meses o años. Aunque la puntuación de la escala o baremo diga otra cosa, una situación evidentemente grave es una situación grave. Los baremos y las escalas como herramientas complementarias al diagnóstico social sanitario no lo sustituyen, son andamios en la gestión del caso social.

No obstante, cada vez más, estas herramientas se convierten en fines y una vez aplicadas, abocan a la persona a una lista de espera. Su utilidad en el día a día para medir problemas no sustituye el criterio profesional del trabajador social sanitario. Cuando la enfermedad genera situaciones sociales graves, la última palabra corresponde a los profesionales, no a los baremos. Algunos casos sociales no pueden entrar en una lista de espera porque requieren atención inmediata. Los baremos, las escalas, pueden asimilarse a los letreros indicativos en una autopista, sirven para informar de cuánto hay o cuanto falta de circunstancias personales consideradas saludables o de riesgo. Aplicados periódicamente, además, permiten monitorizar la evolución de la necesidad y prever el futuro inmediato, pero no son ninguna intervención social. En el ámbito médico equivalen a las radiografías que presentan una imagen de la lesión, pero no pautan el tratamiento.

¿Cómo explicar que en una situación sanitaria grave se atiende a la persona y por el contrario, ante una situación social y personal grave, se la atiende pero, casi siempre ingresará en una lista de espera? Ello no sería un problema si la lista de espera se gestionara desde trabajo social sanitario, o trabajo social, y se pudiera priorizar un caso frente a otro, pero ello no es posible. Por ejemplo, personas con enfermedades degenerativas que requieren importantes apoyos en el domicilio, dependiendo de su lugar de residencia, pueden recibir una hora o dos a la semana de ayuda domiciliaria. ¿Alguien piensa que ello es suficiente? Los trabajadores sociales sanitarios, ellos y ellas, gestionan el caso social, deben gestionarlo, y en esta gestión deben proponer de oficio las ayudas sociales necesarias para el vivir y no verse contradichos por un baremo.

Desde su creación en 1905, el trabajo social sanitario se ha vinculado a la gestión del caso. Es su esencia. En 1915, Abraham Flexner, señaló esta cualidad de las trabajadoras sociales (sanitarias) al coordinar a los agentes relacionados con el caso social. El concepto de caso social lo explicó Gordon Hamilton en 1941 como «un acontecimiento vital que afecta en diferentes proporciones a las dimensiones vitales de la persona y la familia: económica, laboral, familiar, sanitaria, relacional, ocio, etcétera». Por ello la gestión del caso es mucho más que una gestión de visitas y curas con otros servicios y profesionales, esto es gestión de cuidados y curas.

Estos últimos años, en prensa, pero también en conversaciones informales a pie de calle, es común conocer historias de personas, cuando no es la propia, con necesidad de ayuda para sí mismas o para cuidar a sus familiares. La mayoría coinciden en su soledad al afrontar las dificultades de atención a sus seres queridos.

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