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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

El trabajo social sanitario se inscribe en los servicios sanitarios y no en los servicios sociales

viernes, 30 de noviembre de 2018

Cuando una persona enferma y acude al sistema sanitario siempre tiene el derecho, no el privilegio, el derecho a ser atendida por un trabajador social sanitario. Siempre, es siempre, sin excepción porque lo que marca la intervención desde el trabajo social sanitario es el estudio de la vivencia de la enfermedad, cómo la persona y su familia se enfrentan a ella, cómo la experimentan, con qué recursos personales cuentan, cómo les puede afectar a su vida en un futuro y qué factores rodean a los hechos, ello con independencia de su capacidad económica y otros criterios que marcan y condicionan las ayudas de parte de los servicios sociales. Así pues, en el sistema sanitario la intervención del trabajador social sanitario gravita en la vivencia y experiencia de la enfermedad, mientras que en los servicios sociales el trabajador social no sanitario, son las condiciones sociales adquiriendo un gran peso la capacidad económica.  

La unidad de trabajo social sanitario para ser máxime eficaz y eficiente, procurando la prevención, interviene sistemáticamente por programas y criterios de riesgo probados, el ejemplo más común es «el programa de planificación del alta». Por ello debe encontrarse vinculada funcional y jerárquicamente a la organización sanitaria, a sus profesionales con los cuales trabaja en equipo manteniendo una comunicación fluida y en tiempo real. Además, debe acceder a la historia clínica para obtener y para aportar información que afecte al cumplimiento terapéutico. Ciertamente en algunos casos, los trabajadores sociales sanitarios deberán coordinarse muy estrechamente con los servicios sociales, pero negro sobre blanco, dentro de un programa de planificación del alta ello supone entre un 3 y un 5% del total de personas atendidas. Este porcentaje variará de un área sanitaria a otra, pero excepcionalmente superará el 10%. Cuando la intervención es a demanda este porcentaje se incrementa sobre el 50% en personas mayores de 80 años. Así pues, se trata de dos poblaciones con dificultades, pero con características y problemas psicosociales esencialmente diferentes siendo la coincidencia, entre ambos grupos, mínima.

El conocimiento de la enfermedad, sus implicaciones psicosociales, las competencias para elaborar el diagnóstico social sanitario y proponer un conjunto de servicios y tratamientos psicosociales lo poseen los trabajadores sociales sanitarios y no los trabajadores sociales de servicios sociales.  La pretensión de que sean los servicios sociales quienes brinden la asistencia de trabajo social sanitario revela en esencia el desconocimiento de la profesión creada en 1905 en USA.

Desde que se crearan los primeros servicios sociales en la década de los ochenta el run, run de que el trabajo social sanitario, en aquel tiempo, hospitalario, debe ubicarse en los servicios sociales es recurrente. Parece no importar que el trabajo social sanitario año tras año gane entidad académica y por ende entidad en las organizaciones sanitarias. Parece no importar que se genere más y más literatura científica en España y en todo el planeta sobre el trabajo social sanitario, tanto en la gestión de casos como en la gestión de servicios, tanto en la clínica como en la teoría. Parece no importar que desde 2009 se cuenta con programas formativos de Postgrado y actualmente de Máster oficial. El trabajo social sanitario, en España cuenta, analógicamente hablando, con sus particulares inspectores Javert, el personaje de «Los Miserables» de Víctor Hugo  que vive obsesionado con Monsieur Madeleine.

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