Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

En los pequeños detalles y la compañía de los nuestros, está el consuelo

domingo, 27 de agosto de 2017

Los accidentes, los desastres, cualquier catástrofe genera dolor y sufrimiento para las personas directamente afectadas y para su entorno inmediato. Otra esfera afectada es la comunidad en la cual las víctimas habitan, desarrollan su cotidianeidad, mantienen sus relaciones personales, laborales, practican actividades de ocio. Sin embargo, cuando el hecho fatídico se origina por la mal intencionada mano del hombre, como sucede en un ataque terrorista u otras formas de violencia, el dolor adquiere unas dimensiones muy superiores y los desgarros internos pueden mantenerse en carne viva por el resto de la vida. Los sentimientos heridos, humillados, vapuleados, se mezclan con el instinto de supervivencia, con la llamada de la vida, con la defensa de los valores que la evolución personal y social nos ha dado. Inevitablemente, se produce una mezcla de sensaciones que dejan en shock a la persona quien puede tardar mucho en restablecerse mínimamente para seguir con su vida. Cada persona tendrá su grado de resiliencia, su capacidad de soportar el dolor y readaptarse a la nueva realidad marcada la pérdida ocasionada.

En otro plano, los profesionales situados en primera línea asistencial sea, primero en el lugar de los hechos y después en los centros sanitarios, asumen la responsabilidad de asistir, acompañar, sosegar, calmar, empatizar con la persona sacando fuerzas de donde no las hay, porque ellos y ellas también son humanos, si bien su rol profesional les permite ser el apoyo principal de cada una de las víctimas.

La interioridad, la psique de las víctimas se rompe. Ineludiblemente, se produce un derrumbe interno en muchos casos imposible de rehacer. Primero se deben curar las heridas del cuerpo cuya curación sigue su propio curso, pero lo difícil es curar las heridas psíquicas. A partir del momento cero, la escala de prioridades vitales de cada afectado en la esfera que sea, se altera por más o menos tiempo. «Tiempo» es la palabra imprescindible. El tiempo es absolutamente necesario para rehacerse. Sin tiempo es imposible restablecer nuevamente los resortes de la personalidad, del temperamento, del carácter, volver a ser uno mismo. En este caso se habla de «Elaborar el Duelo». Toda realidad humana afectada por pérdidas, roturas personales y fracturas emocionales, sentimentales, laborales, necesita del tiempo de «Elaboración del Duelo».

Bowlby, autor mundialmente reconocido por sus teorías sobre el «Apego» explica el «Duelo». Lo definió señalando las fases de esta vivencia: la protesta, la desesperación y el desapego. Cada fase necesita unos tiempos mínimos, siendo diferentes para cada persona. Sin embargo, adaptarse a la nueva realidad, aceptar el cambio vinculado a la pérdida y asumir la misma pérdida, supone para la persona un enorme esfuerzo psíquico. Para su entorno también.

Los traumas personales y emocionales, los disgustos con los más allegados, son parte del existir. Los ataques, la violencia, el terrorismo parecieran realidades de otros tiempos primitivos pero a la vista está que no. Cuando llega el momento de superar momentos traumáticos, necesitamos tiempo y consuelo. Los pequeños detalles se tornan esencialmente curativos y la compañía, el apoyo de los nuestros, el elemento cohesionador que nos ayudará a cicatrizar. El tiempo no ayuda a olvidar, permite que aprendamos a vivir con la cicatriz.

Comentarios