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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

¿Facilitarnos la vida o alienarnos?

miércoles, 7 de marzo de 2018

A 21 de enero de 2018

De hace meses proliferan las noticias relacionadas con las tecnologías para «facilitarnos la vida». A cada momento lo que uno hace encuentra su equivalente en alguna app dispuesta a suplirlo en la decisión. Sin embargo, ¿qué significa facilitarnos la vida? Es más, facilitarnos la vida ¿según quién y bajo qué criterio? Porque si la facilita «A», la facilidad puede resultar muy distinta a si la facilita «B». Cuando lo discursivo cae en la realidad diaria, la inquietud relativa a la facilitación, es imparable. ¿Significa acaso que, en algún lugar remoto, un algoritmo decide por uno qué cenar o, peor todavía, desde mi perspectiva, con quién? Ya hay aplicaciones para ello y ciertamente el quid está en el uso y en cada uno, no en la tecnología. Un «algoritmo» la RAE lo define como: «Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema». Desde hace muchos años profesionales de todos los ámbitos académicos han, hemos, desarrollado algoritmos para ayudar en la toma de decisiones profesionales. Pero ahora la cosa se convierte en un volumen ingente de datos que se agregan y disgregan a criterio de no se sabe quién y resultan conclusiones, léase decisiones virtuales que pueden resultar catastróficas. Para muestra un botón: los últimos descalabros en la bolsa, inexplicables de manera racional por los analistas de mercados pero que han supuesto pérdidas de miles y miles de euros para muchos inversores.

Volviendo a logística individual ¿es un problema decidir uno u otro menú? ¿o la compra? Entonces tenemos problemas con el vivir. Una cosa es el uso de internet como medio y muy distinto es que sea una plataforma digital la que con el pretexto de «facilitarnos la vida» acaba decidiendo por nosotros. Así, uno va perdiendo poco a poco, casi a traición, ese vínculo con las cosas y su funcionamiento. Lo explicó Jean François Billeter en sus «Cuatro lecturas sobre Zhuangzi» Siruela (2003). También lo señaló Richard Sennet en su libro «La corrosión del carácter» Anagrama (2000), destacando la experiencia de una panadería de Boston que al sustituir a los panaderos profesionales por empleados comunes para abaratar costes, bajo el pretexto de que los diferentes panes ya se elaboraban bajo un simple clic sobre el icono correspondiente en pantalla, resultó que cuando se estropeó la computadora no había pan pues nadie sabía elaborarlo manualmente y mucho menos diferenciar el pan francés, del alemán, por poner ejemplos básicos.    

Sin denostar la comodidad y la facilidad que internet y las comunicaciones suponen para la vida actual, la rotura del vínculo con el origen de la cosa nos empobrece humanamente en todas las áreas de la vida. No importa si la cena que «don algoritmo» haya previsto para nosotros es deliciosa, o que la compañía brindada resulte magnífica. No se trata de eso, se trata de que un artilugio cargado de «clics» y «me gusta» está decidiendo por nosotros, nos lleva directamente al fin y nos priva del camino, del viaje, del dialogo interno, de la dilucidación. Directamente nos convierte en intérpretes obligados y nos arrebata, para ser precisos nos dejamos arrebatar, la soberanía de autor para crear momentos propios, aunque luego resulten un fiasco. No importa, este fiasco, si es mío, me lo quedo. Necesitamos nuestros fiascos, no nos sirven los de los demás, pero los nuestros resultan necesarios si realmente buscamos nuestra evolución como individuos.

Claro que si uno pierde la noción de individuo y cree que es parte de un todo masificado, acaba como la cebra que, en la sabana, cuando escapa de la leona, al sentir la primera dentellada sobre su lomo, se rinde. Esto, no es facilitar la vida, es quitarla, es quitar la sensación de la alegría y de la frustración, pero también significa y esto es igualmente inquietante que los algoritmos se adueñan de nuestras vidas. La pérdida de experiencias y vivencias nos reduce a seres previsibles.

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