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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Fiestas navideñas: me gusta, no me gusta, me gusta no me gusta

jueves, 29 de diciembre de 2016

Hace unos días, en la cola de la caja del supermercado una señora empezó a hablar por lo bajini con un señor sobre lo mucho que le estaban agradando de nuevo estas fechas.

–Pasé unos años malos para estas fechas –dijo la señora–. No las soportaba, no quería ni verlas pero estos últimos años las disfruto como nunca imaginé. Cada tarde salgo a pasear solo para ver el alumbrado y la gente paseando. –Miró  sonriendo al señor dándole entrada en la conversación, quien no dudo en contestar–.  

–A mí, ni fu ni fa. En estas fechas siempre añoro a los que ya no están. Y los que llegan no llenan el vacío. –El  silencio insinuó dar por acabada la conversación cuando el señor añadió– lástima que determinadas calles estén tan sucias. No sé si con la edad me fijo más, puede ser pero cuando paseo a mis nietas es un sufrir mirando a todas partes para que no cojan nada del suelo o no tropiecen. Papeles rotos, bolsas de chuches, trozos de muebles, sacos con runa, vasos de plástico, botellas de plástico, a veces de cristal y rotas… por no hablar de todo lo que los dueños de perros no recogen. Aunque muchos dejan la calle como la encontraron, otros muchos, no.

La acompañante del señor asentía con la cabeza hasta que se tocó a los dueños de perros. –Pero son los dueños los sucios, los animalitos no tienen la culpa. Si te escuchara María de la Nieves… es nuestra hija mayor –aclaró a los que estaban siguiendo la escena– lleva de todo en el bolso para recoger y limpiar.

–Anda pues este año mire que no se ha ido gente –salto otra señora de más atrás rompiendo el hilo de la conversación– es horrible, no somos nada. Hoy estamos y en cinco minutos se acabó.  Me acuerdo cuando se lo escuchaba decir a mi abuela que la vida era corta, muy corta, que pasaba volando. Y yo pensaba que era una exagerada porque para mí cada día era una eternidad, no se acababa nunca. No te rías –espetó a una adolescente que se mostraba por encima del bien y del mal– ahora a tu edad todo parece eterno pero no te darás cuenta y serás mayor y vieja.

–Veo que tiene mal día señora. No hace falta ser tan caustica con una niña de trece años –Intervino la mamá de la joven–. Cada cosa a su tiempo. Déjela disfrutar de su momento, no es necesario arruinar estos días de celebración con pensamientos negativos.

De repente la cajera puso orden y dispersó al grupo ocasional –¿Quién va ahora? Usted pase por este otro lado. Y usted vaya al final de la fila que hay menos gente. ¿Es un domicilio, verdad?

Todos los allí presentes volvieron a sus asuntos. La conversación quedó en el aire. Mientras, de la sección de charcutería se escuchaba a la joven dependienta decir: –yo no sé qué hago aquí, mañana tengo que cortar tres patos y no tengo ni idea. Además, me dan una pena los animalitos. Ya digo yo que tendría que trabajar en una frutería y no en una charcutería.

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