Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

La destrucción del tejido social de algunos barrios: la llamada «gentrificación»

lunes, 30 de julio de 2018

A 30 de julio de 2018 

La vida en los barrios alumbra incontables beneficios para sus habitantes. El día a día construye, hora sobre hora, el vecindario tradicional. El trasiego en las calles, los locales y los servicios de todo tipo posibilita el normal funcionamiento y el vivir fluido de sus habitantes quienes, a su vez, retroalimentan la vida de la zona. Un barrio es un espacio sistémico y cualquier circunstancia altera, de alguna forma, la dinámica habitual. Cuando cierra una librería, el barrio se resiente. Como cuando cierra una panadería o una floristería también. Cuando solo se abren bares, también Un barrio habitable resulta de un esfuerzo y una suma de individualidades formando un colectivo. 

Hoy la vida frenética lleva a usar y usar, pero aparejado al usar, está el desconsiderar lo costoso que ha sido construir cada barrio. Son años y años los que ha llevado erigir este espacio de convivencia en donde se puede vivir y se desea morir. Un espacio, un lugar al que regresar, un lugar en el que la vida individual se sabe dentro de un vivir comunitario. 

Aceleradamente, los habitantes de las grandes ciudades ven como se les arrebata el alma de sus barrios. Asisten a la descomposición de sus usos y costumbres. Cada día los vecinos presencian la disolución de su mundo y se saben sin opciones para evitarlo. Los políticos han aprendido a hablar muy bien de todo ello. Y entre discurso y discurso los fondos llamados buitre llevan tiempo comprando edificios, picoteando en los barrios y pisoteando la vida de los que allí residen. 

La vida de barrio se caracteriza, también, por relaciones entre los llamados «conocidos de vista». Estos «conocidos y saludados» son fruto de encuentros ocasionales, pero frecuentes que van tranzando hilos de conversación sin ninguna pretensión, pero con resultados altamente terapéuticos. Las confidencias entre «casi desconocidos» van entrelazando escenarios vitales, creando poco a poco un tapiz social posibilitador de apoyos y nuevas expresiones de vida. Así, llega un día en que una dice «Yo vivo aquí al lado». Y el otro sorprendido añade: «Ah! pues yo justo enfrente, en esa entrada, en el tercero». Y cada cual sigue con su vida, pero sabe que enfrente hay una persona a la cual acudir en caso de necesidad. 

Con la llegada del verano diferentes conocidos concurren cada día en el parque del barrio. Lo mejor del encuentro es la ausencia de cita. Llevan muchos años con esta rutina inopinada. Algunos adelantan los encuentros a mediados de abril, cuando el día empieza a ganar horas de luz. Otros solo acuden en verano. Disfrutan de su rato de tertulia diaria rondando las seis de la tarde. Algunos llegan antes y otros después. Pero vayan cuando vayan al parque siempre encontrarán algún conocido para conversar. Constituyen un grupo informal, fruto del azar, en algunos casos de paseos perrunos, en otros de paseos con los nietos o los hijos y, en otros simplemente haber coincidido por ahí observando. Algunos, han perdido a su perro, pero siguen acudiendo a la tertulia del parque. Otros han visto crecer a sus hijos y sus nietos y también continúan. Allí sueltan sus preocupaciones. 

Siendo muy distintos, este año el centro de la conversación lo centra la expulsión del barrio de la gente de siempre. Cuentan como a la hora de renovar el alquiler muchos vecinos no pueden asumir las nuevas condiciones de las empresas inmobiliarias. Cuentan que, en algunos casos, simplemente ni siquiera han tenido la opción. El tema de conversación de cada día es, qué harán cuando les llegue la hora, esa nueva realidad que les expulsará de su barrio y de su vida. Pero ¿a quién más le importa eso, salvo a ellos? Mientras la gente debe abandonar su casa, los políticos siguen hablando.

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