Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

La enfermedad: un elevado coste extra para enfermos y sus familias

miércoles, 18 de abril de 2018

«La atención médica puede ser catastróficamente costosa. Gran parte de las necesidades de atención son impredecibles, por lo que es vital que las personas estén protegidas del hecho de tener que elegir entre la ruina financiera o la pérdida de salud». Estas palabras firmadas por Gro Harlem Brundtland como directora de la OMS, en el Reporte de Salud Mundial del año 2000, han resultado premonitorias. Avisaban a las autoridades de los países desarrollados, y en desarrollo, de un hecho por aquel entonces apuntado y hoy instaurado como parte natural de la vida de las personas enfermas cuando necesitan ayudas de parte de los servicios sociales.

Los servicios sociales se prestan en el ámbito local. No obstante, en su mayoría están colapsados. Pregunten a los profesionales. Los ayuntamientos son los responsables de velar, de acuerdo con los índices poblacionales y la epidemiología de la zona, por esas atenciones que sus ciudadanos necesitan, o necesitarán. Atenciones que exceden las posibilidades, las capacidades personales y económicas de la familia, atenciones cuya necesidad va en aumento. Las palabras de Gro Harlem Brundtland ejemplifican el desinterés de muchas autoridades por los pronósticos profesionales cuando analizando datos presentes, advierten de un futuro poco deseable. Ello, no como acto de adivinación sino como acto racional de interpretación. De nada importa la claridad ni la lógica de los argumentos, tampoco su apoyo en análisis científicos. Da igual. Los peores escenarios siempre acaban llegando. La inacción, salvo raras excepciones, se impone. La endogamia institucional se prolonga en sus propias inercias dejando los programas desfasados del entorno e imposibilitados para acometer su función por falta de profesionales.

La reflexión de Gro Harlem Brundtland fue premonitoria porque los cuidados de las personas muy enfermas en el domicilio resultan casi siempre insostenibles, psíquica y económicamente para las familias con ingresos medios y responsabilidades laborales que no pueden desatender. Pero su advertencia resultó inútil, el problema habita entre nosotros. Los profesionales de la primera línea asistencial se han acostumbrado a recomendar la contratación de apoyos privados para cuidar a enfermos que, por derecho, si lo requieren, deben ser atendidos por profesionales del sistema público. Hace años nos dotamos de un Estado de Bienestar, de un modelo integral, con unos servicios sociales y apoyos básicos para garantizar los mínimos, sustanciados en, por ejemplo, ayudas para levantar al enfermo de la cama y acostarlo, para ayudarlo a comer, en la higiene y movilización diaria, etcétera. Se debe mantener estos mínimos pues el primer perjudicado después del enfermo y sus familias, es el mismo sistema sanitario que se ve tensionado por falta de servicios básicos domiciliarios a enfermos que sin necesitar hospital, acaban en el hospital por ser es el único recurso operativo. Por urgencias se atiende siempre. Siempre es siempre. Este círculo vicioso, lo denunció hace más de treinta años quien escribe.

Las enfermedades, crónicas, degenerativas, incapacitantes, rompen, si nadie lo evita, el sistema familiar, económico y laboral. Cada vez más, las familias de enfermos ven amenazadas sus fuentes de ingresos al asumir costes derivados de cuidados profesionales. Las noticias sobre el incremento de los costes de la atención sanitaria ponen el foco en el sistema sanitario, pero pocas veces se fijan en los costes que supone para las familias y el mismo sistema sanitario, un sistema de servicios sociales público deficiente. La solución pasa por crear servicios sociales sanitarios dependientes del sistema sanitario para actuar cuando se presenta el problema, allá donde se presente el problema. Con ello se contribuirá a la sostenibilidad del sistema sanitario mejorando a la vez la calidad de vida de las personas con necesidades de cuidados continuados.  

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