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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

¿Por qué debe seguir el Departamento Trabajo Social y Servicios Sociales en la Universidad de Barcelona?

viernes, 9 de octubre de 2015

Porque es un referente en España y Europa. El Departamento de Trabajo Social de la Universitat de Barcelona está en cuestión. Es más, las probabilidades de que lo eliminen a tenor de las informaciones, son muy altas. ¿Por qué? No se sabe bien, pero así parece haberse decidido.

Abro un paréntesis para contar algo que he recordado al analizar los hechos. De pequeña en la clase de geografía me llamaba la atención las fronteras rectas, cuadradas o triangulares, de la mayoría de los países africanos. Un día la profesora contó que estas fronteras se habían trazado corriendo a toda prisa a golpe de escuadra y cartabón. Nadie se preocupó de valorar por donde pasaban las líneas, ni lo que implicaban para los habitantes del continente vecino esas fronteras. Lo importante era el reparto de tierras, las personas quedaban en un segundo, tercero o cuarto plano. 

Las noticias de las reorganización de la UB y concretamente la desaparición del Departamento de Trabajo Social y de Servicios Sociales, me da la sensación de obedecer a unos trazos dibujados también a golpe de escuadra y cartabón. Dudo que sea el resultado de un plan de viabilidad pensando en la propia Universidad y más allá de ella qué supone para la sociedad, cuando los estudiantes, ellos y ellas, lleguen formados a las diferentes organizaciones donde ejercerán. Al principio todo seguirá igual, pero a medida que el nuevo espacio de acogida vaya reorganizándose, seguramente se perderán fortalezas y oportunidades por una simple cuestión de falta de visión de las responsabilidades y competencias que deben atesorar los profesionales del trabajo social. No habrá culpables, porque lo que hoy tenemos, si irá deshaciendo por sí mismo, de manera casi imperceptible. 

Quizás sea el sino de la profesión y de los trabajadores sociales estar constantemente justificando y reivindicando la posibilidad de ofrecer los mejores servicios a la sociedad a la cual sirven, y si bien una parte es vocacional, otra, la más importante es profesional, es de aplicar conocimientos, los propios del trabajo social.

En su libro Social Diagnosis (1917) Mary E. Richmond cambió los paradigmas de la profesión definiendo y explicando las bases del diagnóstico social, elemento diferenciador de la ayuda proveniente de otras organizaciones caritativas. En el mismo año Richard Koch publicaba Medical Diagnosis cambiando a su vez paradigmas de la medicina de entonces basada más en el dispensario (dispensar medicinas) que el consultorio (consultar dolencias y malestares). 

En Social Diagnosis Mary E. Richmond señalaba la importancia de que el médico no tomara al trabajador social hospitalario como un adjunto que le ayuda en sus ocupaciones asistenciales, a las que el por falta de tiempo él no llega, o que el juez no lo tomara como un secretario que culminaba sus acciones burocráticas, esas a las que él tampoco llegaba. Es diferente crear espacios que ocuparlos. El trabajo social desde 1905 creo un espacio propio porque su naturaleza y función, así lo requería. 

En 1941, Gordon Hamilton definía el caso social, lo explicaba como «un acontecimiento vital en el que siempre hay proporciones, variables de lo económico, lo físico, lo mental, lo emocional y de los factores sociales. El caso social está compuesto de factores internos, externos o medioambientales. Uno no trata a las personas en un sentido físico o en un sentido medioambiental, las trata en relación con sus experiencias sociales y con relación a sus sentimientos respecto de estas experiencias». Queda claro que le trabajo social no es un apéndice de nada. Años antes, la misma Gordon Hamilton había escrito sobre lo mucho que los trabajadores sociales habían aprendido, para refinar su ejercicio profesional, de otras disciplinas como la sociología, la antropología, la psicología, la dietética, la estadística, las matemáticas, la economía, etcétera. Todas ellas, decía, «han venido a iluminar la intervención psicosocial», pero dejaba claro que el ejercicio del trabajo social se nutría de todas ellas a partir de metodologías del trabajo social que encerraban principios y valores irrenunciables. 

Helen Harris Perlman, años más tarde, en 1960 daba un paso más y reconocía que más que los problemas de las personas, los trabajadores sociales, se ocupaban de las personas que padecían los problemas, analizaban sus vivencias, sus experiencias, cómo se enfrentaban a ellos, como trataban de resolverlos, con qué actitud, etcétera, y en base al diagnóstico social proponían un plan de intervención para devolver a la persona la máxima autonomía psicosocial. 

Estas realidades que tratamos o sobre la que intervenimos los trabajadores sociales, conforman y requieren de un corpus teórico propio y una independencia intelectual que permita auto organizarse, generar conocimientos partiendo de las coordenadas teóricas de la disciplina para aplicar estos conocimientos en el ejercicio de la profesión.

La integración del Departamento de trabajo social y servicios sociales a otros Departamentos romperá, con seguridad el desarrollo de la disciplina porque inevitablemente los responsables del departamento que sea, con el tiempo trataran de modular el programa curricular, las enseñanzas, a sus conocimientos provocando que poco a poco las bases teóricas del trabajo social se vayan falsificando y transformando en otras.

Es lo mismo que ocurre en algunos hospitales que la unidad de trabajo social sanitario depende de enfermería, las responsabilidades y competencias se ven desviadas hacia lo que la enfermería piensa que debe ser el trabajo social, como ocurre cuando depende de medicina, o de la administración, etcétera.   

Por su naturaleza el trabajo social debe gozar de un espacio propio porque supeditado a otras disciplinas es reducirlo a otra cosa. Es por ello que el Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universitat de Barcelona, dado el prestigio que la propia Universidad ostenta, no en vano se encuentra entre las mejores del mundo, no se recomienda que desaparezca porque ello implica la paulatina desaparición de la idiosincrasia de las enseñanzas y por ende la perdida de la idiosincrasia de la profesión tal como hoy se la conoce, en los estudiantes que formemos. Dejemos a un lado la escuadra y el cartabón y pensemos en los beneficios sociales que los profesionales del trabajo social están generando gracias en gran parte, a la formación recibida dentro de las coordenadas actuales en donde las diferentes asignaturas mantienen un equilibrio e integración que posiblemente se rompería con otra estructura organizativa. 

Se acaban de cumplir cien años de la conferencia impartida por Abraham Flexner en la que se cuestionaba si el trabajo social era una profesión y una de las razones que apuntaba era que no había un método de enseñanza comunicable. Ahora lo tenemos, no se  justifica ponerlo en riesgo por no haber valorado las consecuencias, no a corto plazo pero si a medio y largo, de esta decisión.

Barcelona a 9 de octubre de 2015 – Dolors Colom Masfret  

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