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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Veinticinco años después del trabajo en equipo, tés, cafés, dulces de convento y Charles Trenet

domingo, 30 de septiembre de 2018

¿La hora de la cita? Las tres y media de la tarde. ¿Los asistentes? Los que puedan, pero llevan más de veinticinco años sin verse. ¿De qué se conocen? En los ochenta coincidieron y ejercieron juntos en un antiguo hospital municipal. Sí, formaron parte de aquellos primeros equipos sanitarios cuando se empezaron a importar y aplicar modelos de intervención basados en la atención integral.

Corrían los años ochenta y en el sistema sanitario estaba casi todo por hacer. La atención primaria en España, como hoy se la conoce, no existía, era un boceto en la mente de unos pocos. Tampoco existía internet al alcance de todos, ni teléfonos móviles, ni las redes sociales de masas. Se recuerda que en 1986 se aprobó la Ley General de Sanidad dejando sentadas las primeras bases filosóficas, los objetivos, los modelos de funcionamiento, los principios inspiradores y los valores del Sistema Sanitario actual.

Fueron tiempos apasionantes, médicos, enfermeros, trabajadores sociales sanitarios se sentaban codo con codo con las gerencias, con las regidorías de sanidad y servicios sociales de los municipios para encontrar soluciones a los nuevos problemas sociales derivados de la enfermedad crónica. Todos iban a la una casi siempre y, salvo excepciones, se enfocaban en crear nuevos programas y mejorar las organizaciones sanitarias pensando siempre en las personas atendidas y sus familias. Había una clara conciencia de la necesidad de construir e innovar, de prestar servicios de calidad. El enfermo y su familia eran lo importante y a pesar de la precariedad de medios y falta de recursos, se gestionaba y se preveían las posibles grietas derivadas de las decisiones que se iban tomando. Toda la organización se implicaba en ese quehacer diario y los profesionales se sentían parte de ello. Había enfados y alegrías, había disgustos y reproches, pero siempre se acababa construyendo y creciendo. Las organizaciones estaban vivas y en ellas, profesionalmente, se vivía. En su ámbito, estos profesionales están a punto de reencontrarse, fueron de los pioneros y en su día a día tejieron las bases de lo que pocos años antes, George Engel en 1977 conceptuó como el modelo biopsicosocial. De hecho, Engel le dio nombre al modelo, pero la literatura confirma que médicos como William Osler, Charles P. Emerson y Richard Cabot, entre otros, a finales del siglo XIX y comienzos del XX vieron la importancia de los ambientes sociales de los enfermos, integrando a su estudio médico, el estudio social como garantía de continuidad del tratamiento.

Así, estos mismos profesionales se reunían casi a diario para evaluar los aspectos críticos, sanitarios y sociales, de las personas ingresadas. Cuando los caminos profesionales se separan, simplificando mucho, se dan dos familias de posibilidades: una se apoya en la seguridad de los futuros reencuentros con quienes la relación profesional tejió, además, una relación personal; otra nutre la experiencia de finitud, algo acaba y con ello el contacto. Luego, el tiempo auténtico revelador de certezas, dirá lo que era.

Ahora por bucles del destino y gracias a la enfermera se volverán a ver, solo por el gusto de conversar y dejarse llevar por los relatos que vayan brotando. No hay plan. Esto es lo mejor.

El día D, a las 15,30 h., veinticinco años después, la conversación empieza y enseguida se volatiliza por el caos de la emoción del momento. Entre tés, cafés y dulces de convento Charles Trenet ameniza el barullo del encuentro y vuelve a preguntarse «Que reste t il de nos amours».

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