Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Verano 2020: las incertidumbres reveladas y los planes derruidos

miércoles, 15 de julio de 2020

A 15 de julio de 2020 

El futuro imaginado suele ser especulación a la carta, pero casi siempre se alcanza algún que otro plan. Sin embargo, este verano 2020 casi nadie sabe qué hará, ni qué pasará con esos proyectos por los que brindó a primeros de año, cuando los deseos se avivan solos, y todo parece al alcance de la mano. La incertidumbre cayó como una losa a mediados de febrero y aun hoy, en pleno julio, sobrevuela toda iniciativa por más «segura» que parezca. Cualquier acto previsto se torna un «quizás» y se rubrica con «ya veremos». 

El año empezó con una apariencia prometedora por el sugerente juego de números: 2020. Demasiado redondo pera comportarse como tal, pero ahí estaba el nuevo año y con él, disfrazado de gripe un virus que desde finales de 2019 empezaba a paralizar vidas. 

Y llegaron las campanadas del 2020, gran parte del mundo, entre celebración y celebración, despedía el 2019, saludaba al redondo 2020. A fin de cuentas, y a pesar de que los hechos lo desmienten, siempre triunfa la idea de que todo sigue. La vida sigue sus cauces lineales y lo que acontece justo ahora parece dar pie a lo que seguirá justo después. No siempre es así. No. 

Los profesionales sanitarios sabemos bien que la vida sufre interrupciones, sobre todo cuando se pierde la salud. Se ve a diario, alguien acude a urgencias por un dolor que se ha agudizado y resulta que debe ingresar de inmediato por una intervención, o un tratamiento que no admite dilación. Personas que piden hora para un chequeo anual y sus marcadores alertan de una descomposición bioquímica. O quienes salen de casa como cada día camino del trabajo y en un semáforo en verde, les atropella un conductor distraído mirando un cartel que publicita su restaurante favorito. 

En los hospitales se ven a diario vidas rotas, pero esta conciencia de interrupción involuntaria vital se resiste al individuo cuando todo parece seguir su curso. Las desgracias les ocurren a los demás. 

Un momento nutre al siguiente, pero en cualquier lapso, lo esperable, lo lógico, no llega y se tuerce el vivir en esa décima de segundo que nadie considera porque es mínima, pero suficientemente fuerte para separar el antes del después, si es que hay un después. 

Llegaron las Navidades de 2019 entre conversaciones distendidas, «llegan nuestros años veinte», decían unos; «este año tiene que ser bueno con este número tan bonito», apuntaban otros; «este año será inolvidable, el número es extraordinario», insistían algunos otros. Pero en febrero se reveló este momento rompedor, todo se torció y la COVID-19 empezó a segar vidas, empezó a romper familias, a separar amistades, a cortar lazos… las muertes se sucedían unas a otras y dejaron para la eternidad las ausencias de quienes se fueron, seguramente, en las peores condiciones. 

Los anhelos y los planes de los vivos siguen apilando posibilidades, pero sus probabilidades, hoy por hoy son escasas. Las certezas en el vivir no existen. Detrás de las frases hechas cada uno alberga la esperanza, el sueño, la creencia de que lo que está viviendo es, y seguirá siendo al siguiente minuto. Puede que no sea así. Da un buen consejo quien anima a vivir el segundo, el presente.

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