¿Podemos aprender a concentrarnos?

¿Podemos aprender a concentrarnos?

Nos quejamos de la memoria, pero seamos honestos: ¿cuánto tiempo hace que no la ponemos a trabajar? La respuesta puede ser «meses» o, quizás, «años». Así, no es de extrañar que esté algo oxidada. Con un poco de entrenamiento volverá a dar lo mejor de sí misma.

Atención y concentración son las claves de una buena memoria. Lo que pasa es que a menudo estamos tan estresados que no conseguimos concentrarnos. Es como un círculo vicioso: preocupados por la capacidad de nuestra memoria, tememos no ser capaces de retener tal cosa; la ansiedad nos impide concentrarnos y, efectivamente, acabamos por no recordar lo que queríamos. Las emociones y el miedo son los principales causantes de los bloqueos de memoria. Para hacerlos frente, hay que aprender a relajarse... El truco más sencillo, cualquiera que sea la situación, consiste en respirar profundamente, comenzando por hinchar el abdomen (imaginar que ponemos las manos sobre el ombligo y que inflamos la tripa como si fuera un globo). Los resultados serán mejores si tenemos la posibilidad de tumbarnos en el suelo boca arriba. El yoga y los ejercicios suaves de gimnasia son también de gran ayuda. Nadar, caminar, practicar un deporte que nos guste (¡sin pretender batir ningún récord!) tienen también excelentes efectos sobre la memoria. Tampoco hay que olvidar que para concentrarnos de forma eficaz quizá necesitemos estar solos y en silencio: aunque ya se han hecho algunos estudios en este sentido, todavía está por hacer el que mida la nocividad de las omnipresentes agresiones sonoras (música en los lugares públicos, teléfonos móviles, motores, casas mal insonorizadas...) para el cerebro y para la memoria de las personas.

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