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Para ayudar a los demás, no hay límite de edad

Voluntariado social, trabajo solidario

Voluntariado social, trabajo solidario

Hombres y mujeres jubilados dedican parte de su tiempo a la atención de las personas que viven solas y tienen carencias afectivas o que atraviesan por dificultades.

Es el más habitual de los voluntariados: ayudar en la atención de los más desfavorecidos y de aquellos que, por diferentes circunstancias atraviesan un momento difícil.

¿Qué hace un voluntario social?

Su atención se vuelca en:

  • Personas sin techo, hombres y mujeres que viven en la calle, sin trabajo ni relaciones familiares estables. Normalmente, se les ofrece acompañamiento y ayuda asistencial en albergues y comedores sociales. Las asociaciones también realizan programas de apoyo en la propia calle hablándoles, escuchándolos y ofreciéndoles alternativas, para lo que es preciso conocer.

    No es necesaria ninguna formación especializada, pero sí ser una persona con grandes dosis de tacto, sensibilidad, capacidad de escucha...

  • Inmigrantes y refugiados, personas que han venido a nuestro país en busca de mejores condiciones de vida, muchas de las cuales se encuentran sin documentos y, por tanto, con pocas posibilidades de acceder a servicios básicos como sanidad, vivienda o trabajo. Se les proporciona asesoramiento legal y atención socioeducativa, y se les ofrece la posibilidad de participar en programas de inserción laboral y de orientación en la búsqueda de alojamiento, en el acceso a servicios públicos y en la acogida. También se puede participar en campañas de sensibilización.

    Para determinadas tareas, se requiere formación universitaria del voluntario/a (psicólogos, médicos, maestros, abogados), aunque también se pueden desarrollar actividades de apoyo a estos profesionales. Ante todo, se necesitan personas entusiastas, respetuosas y abiertas, que crean en la igualdad de los derechos humanos.
  • Enfermos de SIDA/VIH. En este grupo se incluye tanto a personas portadoras del virus que todavía no han desarrollado la enfermedad como a enfermos de SIDA. Las asociaciones ofrecen proyectos de tratamiento médico y de apoyo psicosocial, proyectos de reinserción sociolaboral y socio-familiar y campañas de sensibilización y prevención.

    Por sus características médicas, en esta área se precisa formación y preparación específicas del voluntario, así como una sensibilización ante esta enfermedad.

  • Personas con otras enfermedades crónicas o terminales, hospitalizadas o en su domicilio. También se incluye a los familiares del enfermo. Se les ayuda acompañándolos, tanto si están en el hospital como en casa; orientando y apoyando a sus familias; haciendo gestiones; ofreciendo apoyo escolar para niños, y actividades de ocio.

    Al ser una labor de apoyo psicosocial, no es necesaria una formación específica del voluntario, aunque conviene informarse acerca de la enfermedad de la persona. Sí es importante que el voluntario sea maduro y estable, con capacidad para escuchar y con un carácter fuerte, ya que a veces se tiene que enfrentar a situaciones duras.

  • Drogodependientes. Se trata de ayudar a jóvenes y adultos con un problema de drogodependencia que, en muchas ocasiones, sufren rechazo social y familiar. La ayuda está orientada a la prevención, la recuperación, la rehabilitación y la reinserción social, a través de talleres ocupacionales, grupos de auto apoyo, ocio, información y apoyo a familiares, acompañamientos y gestiones.

    Los voluntarios deben tener una fuerte motivación y preparación cualificada. Las propias asociaciones imparten cursos especializados en la materia.

  • Presos y ex reclusos, hombres y mujeres que viven privados de libertad en las instituciones penitenciarias o que ya han cumplido su condena y viven en libertad o en centros de acogida. Dentro de los centros penitenciarios, se les ayuda con la organización de talleres de manualidades, competiciones deportivas, obras de teatro, programas de radio o charlas. Cuando salen del centro, las labores principales del voluntariado son las de acompañamiento, orientación laboral y las actividades culturales y de ocio y tiempo libre.

    No es necesaria ninguna formación específica para ser voluntario, sí ser responsable y capaz de actuar con prudencia, respetando las normas marcadas por la institución.

  • Mujeres en situaciones de riesgo, que viven en condiciones de marginación (transeúntes, reclusas, prostitutas...), son víctimas de malos tratos o que tienen a su cargo a toda su familia. Se les ofrecen programas de formación y de integración social (talleres, terapias, clases de alfabetización, grupos de ocio y tiempo libre, asistencia legal...).

    Por lo general, el voluntario apoya la labor de un profesional. Se requiere capacidad de comprensión y escucha.

  • Discapacitados físico-sensoriales, personas que sufren algún tipo de discapacidad (parálisis cerebral, sordera, ceguera u otras) y que necesitan ayuda para realizar actividades cotidianas. La labor de ayuda se centra en el acompañamiento y apoyo, en el tratamiento en centros especializados y en la oferta de programas que intentan cubrir ciertas carencias específicas.

    Los voluntarios deben ser personas estables, pacientes y afectuosas, en situación de dedicar el tiempo suficiente y de forma continuada. La única formación precisa es conocer el tipo de discapacidad con el que se van a encontrar.
  • Discapacitados psíquicos, personas con algún tipo de discapacidad psíquica, que pueden estar internadas o conviviendo con sus familias. El voluntario se ocupa principalmente del acompañamiento y de las gestiones, o colabora en talleres ocupacionales y de actividades de ocio, entretenimiento, deporte y salidas culturales. Esta actividad requiere paciencia, comprensión y firmeza de carácter.

  • Infancia y juventud en situación de riesgo, niños y niñas que sufren malos tratos; que padecen alguna enfermedad; hijos de presas, inmigrantes, drogodependientes o prostitutas; jóvenes de familias desestructuradas; jóvenes que han dejado los estudios y buscan empleo... Hay numerosos programas y actividades de ayuda: apoyo escolar, atención psicosocial, ocio y tiempo libre, campañas educativas, prevención, formación y empleo...

    El voluntario no necesita ninguna formación específica, pero sí debe reunir ciertos requisitos de carácter:  ser paciente, alegre, con imaginación y capacidad de escucha y ternura.
  • Tercera edad en situación de dependencia, personas mayores que viven solas y sufren graves carencias afectivas o que están enfermas. Las ayudas se basan principalmente en el acompañamiento del mayor, ya sea en centros o en su propio domicilio, y en la realización de gestiones. Las asociaciones ofrecen diferentes programas, como viviendas alternativas, viviendas compartidas, residencias, viviendas tuteladas y ayuda a domicilio.

    No es necesaria ninguna formación específica del voluntario, pero se requiere un carácter alegre, cariñoso, paciente, comprensivo y tolerante.

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